Bienvenido de nuevo, querido lector, a mi humilde celda. Veo en tus ojos que estás deseando que retome el relato de las aventuras de nuestra aguerrida compañía donde lo dejé la última vez. En esta ocasión tendremos la adición de dos nuevos personajes en nuestra historia que, a la postre, serán bastante importantes para todos.
Pues bien, como recordarás, amable lector, me encontraba a la altura de Marvin, en la intersección de los dos túneles que estábamos explorando, debido a que había requerido mi atención de forma urgente. Tras consultarle me indicó que, procedente del túnel que Alvin estaba explorando, había surgido un grito de pánico. Aquí me encontraba en una tesitura enorme pues tenía que elegir entre ir a rescatar al pobre Juanito o ir en busca de Alvin. Tenía que realizar las dos cosas puesto que mi honor no me permitía dejar atrás a ningún compañero. Nos adentramos por el túnel tomando todas las precauciones habidas y por haber buscando cualquier indicio de la existencia de una trampa o mecanismo astutamente oculto. Tras unas decenas de metros y doblar varios recodos nos encontramos con una imagen peculiar: ante mi estaba Alvin, sujetando la antorcha encendida que Juanito portara hasta hace unos instantes, junto a una abertura en el suelo. Todo hacía indicar que Juanito había caído por la abertura precipitándose al vacío.
Tras una rápida valoración de las opciones y tras constatar que no cabía la posibilidad de dejar atrás a un compañero descolgamos a Marvin, que era el más liviano de los tres, por el hueco del agujero atado al extremo de una cuerda. Tras unos instantes se acabó la cuerda, momento en el que sentimos un tirón y, temiendo lo peor, subimos a toda velocidad a Marvin que, tras llegar al borde lo encontramos sujeto cual longaniza de Farzey al extremo de la cuerda. El nudo había fallado. Marvin no había podido ver nada pues el descenso había sido corto. Tras esto Marvin procedió a empalmar las dos cuerdas que teníamos y le volvimos a descolgar por el agujero. Esta vez la distancia recorrida fue mayor. Cuando llegamos al final le pregunté a Marvin si veía algo. Su voz llegaba débil aunque legible y comunicó que había visto dos puntos de luz en el fondo del agujero. Seguro que se trataba de la bestia que había horadado esas galerías. Para nuestra consternación la cuerda dejó de tener peso. Rápidamente subimos la cuerda y nuestros temores se hicieron realidad. En el extremo de la cuerda, donde debía estar Marvin, no había nada. ¡Maldición!. Ahora debía rescatar a dos compañeros antes de proseguir con la exploración de ese nefasto lugar.
Tras una rápida valoración de la situación decidí descolgarme por el hueco atado a la cuerda que Alvin tenía sujeta. El descenso fue corto, pues habíamos desatado las cuerdas. La oscuridad me envolvía. No podía ver nada y menos los dos puntos que Marvin había descrito. Estando en esta situación sentí cómo la cuerda se agitaba bruscamente ascendiendo y descendiendo de forma brusca. Gritando pregunté a Alvin, que se encontraba a la entrada del agujero, qué estaba sucediendo. Por respuesta recibí: “¡Algo está viniendo hacia mí!. ¡ALGO VIENE HACIA MI!”. El terror en la voz de mi compañero era patente por lo que supuse que debía ser algo realmente horrendo y peligroso lo que había provocado ese acceso de pánico en un guerrero tan capaz. Viendo que era imposible subir por la cuerda y que, posiblemente me precipitaría al vacío preferí soltarme, no sin antes coger a Mili, mi martillo de guerra, y la espada que Alvin me había prestado. Con una oración a Thor me precipité al vacío con la certeza de que encontraría la muerte en las afiladas rocas del fondo o sirviendo de comida al monstruo artífice de estos túneles. La caída fue breve y, para mi sorpresa, caí sobre algo elástico y blando que frenó mi caída y evitó que recibiera cualquier lesión o herida. A causa del encontronazo perdí mis armas y con la mano derecha pude tocar la materia que había salvado mi vida…
No pude detectar la sustancia puesto que, con un alarido, Alvin calló de las alturas huyendo del horror que le perseguía. Al cabo de un momento pude oír la voz de Juanito que, desesperadamente, pedía ayuda. Con más calma palpé la sustancia que me sostenía y con horror pude constatar que se trataba de tela de araña (este bicho ha sido el terror de varios de grupos de aventureros que, a causa de sus picaduras, ha perdido a la mayoría de sus miembros). Con esfuerzo me di la vuelta, poniendome bocabajo y me dirigí hacia Juanito que pedía ayuda desesperadamente ignorante del peligro inherente a las telas de araña (por todos es bien sabido que, donde hay una tela de araña está su artífice). Alrededor podía ver las siluetas de Alvin y Marvin que trabajosamente se estaban, y para mi consternación, se estaban abriendo paso por la telaraña provocando violentas sacudidas que atraerían su atención. Con cuidado intenté dirigirme hacia Juanito pero era imposible mantenerse en la superficie. Me estaba hundiendo lenta pero inexorablemente mientras iba en dirección a los gritos de auxilio que mi pobre compañero lanzaba. En un momento dado mis manos dejaron de tocar telaraña para pasar a tocar la más absoluta de las nadas. Con cautela alargué la mano y toqué una cosa repleta de pelos. ¡Thor bendito, era la pata de la araña!. ¡Había llegado al centro donde ella moraba!. Recé todo lo que pude a Thor, dios de dioses, para no atraer la atención de la bestia. Decidí seguir bajando, rodeando el núcleo de la telaraña. En un momento dado mis manos tocaron algo húmedo. Era barro. Había llegado al fondo del agujero. Arrastrándome trabajosamente conseguí salir del entramado de seda. Me sacudí las hebras y el barro y, al levantar la vista, contemplé dos altas siluetas, al menos más altas que yo que me preguntaron qué o quién era yo. Contesté que era Zebulón, seguidor de Thor y ellos contestaron que eran Iliana y Airin. Acto seguido llegaron Alvin y Marvin y procedí a trazar el plan de rescate del pobre Juanito que, desesperado, daba gritos de auxilio.
Solicité a Alvin y Marvin que se trasladaran al otro lado de la telaraña e intentaran atraer la atención del monstruo mientras yo intentaría escalar para llegar hata Juanito. Para mi desesperación los dos gnomos titanes se pusieron a discutir durante un largo rato sobre quién llegaría antes llegando a apostarse una moneda de oro para ver quién era el primero en llegar a Juanito. Desesperado del díscolo proceder de mis compañeros cogí la antorcha y prendí la telaraña buscando una solución rápida, rezando a Thor para que Juanito saliera con bien de esta. La deflagración consiguiente nos pilló por sorpresa chamuscándonos un poquito pero, para mi consternación, el cuerpo de Juanito se precipitó como un bulto inerte sobre el suelo. Rezando a Thor para que me concediera el don de poder curar cualquier herida de mi pobre compañero salí corriendo hacia su cuerpo inmóvil pero mi carrera se vio interrumpida cuando alguien me empujó hacia un lado. Cuando recuperé el equilibrio contemplé cómo Marvin daba un golpe en la frente de Juanito y soltó un: “¡te rescaté! ¡he ganado, me debes una moneda de oro!” se puso a dar saltos de alegría. Esto ya era el colmo. Mi ira se inflamó como la telaraña por el díscolo e irresponsable comportamiento del gnomo titán. Con una mirada asesina me dirigí al cuerpo de Juanito y le impuse las manos para curarle las posibles heridas. Miré en derredor y observé el cadáver reseco de la araña y a su lado a Alvin propinándole mandobles y gritando: “¡Muere, muere, muere!”. Era evidente que el monstruo había muerto tiempo ha. Mi mirada se posó sobre Marvin y le eché un rapapolvo recriminándole el irresponsable comportamiento exhibido momentos antes así como a Alvin por tomar la vida de un compañero como un juego de azar y hacer apuestas a su costa. Las caras de los gnomos titanes pasaban desde la consternación hasta el asombro. Juanito se incorporó y con voz rasposa pidió agua.
Tras reunirnos con nuestros nuevos visitantes procedimos a las presentaciones:
- Iliana: guerrera elfa que está de muy buen ver. Aventurera en ciernes.
- Arin: Semielfo que, por las apariencias, parecía un druida.
Ambos eran bellas criaturas, como corresponde a estas razas. Tras esto les invitamos a seguir con nosotros en la exploración de esos túneles y, si querían, en un futuro pasar a forma parte de nuestra compañía e ir en busca de aventuras, fama, gloria y riquezas. Tras esto nos pusimos a explorar los túneles. Nuestros pasos nos encaminaron hasta un túnel, recubierto de babas, síntoma de que el propietario de dichas secreciones no era agradable de contemplar, que desembocaba tras sortear unos escombros, en una amplia sala construida con sólidos bloques de roca. En uno de los lados había una puerta y en un lateral unos despojos humanoides. Tras explorar la sala intentamos abrir la puerta que había sido golpeada y astillada por algo que no había conseguido abrir. Seguramente los autores de estos destrozos en la puerta habían sido esos pobres desgraciados. Nuestros intentos por abrir la puerta resultaron fallidos.
Iliana y Alvin, que estaban apostados en la entrada al túnel, dieron la voz de alarma de que algo se acercaba arrastrándose hacia nosotros. Rápidamente me acerqué para evaluar la situación. Efectivamente, algo se estaba acercando y los pelos de la nuca, que tenía erizados, me decían que no era agradable de contemplar. Con una orden nos pusimos en guardia para recibir a nuestro inesperado visitante.
He de dejar aquí mi relato, querido lector, puesto que otras ocupaciones reclaman mi atención.
Saludos,
Zebulón Stoneye, humilde servidor de Thor, grande entre los grandes.


