Knights of the Wheeled Table

Septiembre 25, 2006

Crónicas de los KOWT (25/09/06). Encuentros en la Oscuridad

Archivado en: Juegos, Partidas, Rol — littlebob @ 11:53 am

Bienvenido de nuevo, querido lector, a mi humilde celda. Veo en tus ojos que estás deseando que retome el relato de las aventuras de nuestra aguerrida compañía donde lo dejé la última vez. En esta ocasión tendremos la adición de dos nuevos personajes en nuestra historia que, a la postre, serán bastante importantes para todos.

Pues bien, como recordarás, amable lector, me encontraba a la altura de Marvin, en la intersección de los dos túneles que estábamos explorando, debido a que había requerido mi atención de forma urgente. Tras consultarle me indicó que, procedente del túnel que Alvin estaba explorando, había surgido un grito de pánico. Aquí me encontraba en una tesitura enorme pues tenía que elegir entre ir a rescatar al pobre Juanito o ir en busca de Alvin. Tenía que realizar las dos cosas puesto que mi honor no me permitía dejar atrás a ningún compañero. Nos adentramos por el túnel tomando todas las precauciones habidas y por haber buscando cualquier indicio de la existencia de una trampa o mecanismo astutamente oculto. Tras unas decenas de metros y doblar varios recodos nos encontramos con una imagen peculiar: ante mi estaba Alvin, sujetando la antorcha encendida que Juanito portara hasta hace unos instantes, junto a una abertura en el suelo. Todo hacía indicar que Juanito había caído por la abertura precipitándose al vacío.

Tras una rápida valoración de las opciones y tras constatar que no cabía la posibilidad de dejar atrás a un compañero descolgamos a Marvin, que era el más liviano de los tres, por el hueco del agujero atado al extremo de una cuerda. Tras unos instantes se acabó la cuerda, momento en el que sentimos un tirón y, temiendo lo peor, subimos a toda velocidad a Marvin que, tras llegar al borde lo encontramos sujeto cual longaniza de Farzey al extremo de la cuerda. El nudo había fallado. Marvin no había podido ver nada pues el descenso había sido corto. Tras esto Marvin procedió a empalmar las dos cuerdas que teníamos y le volvimos a descolgar por el agujero. Esta vez la distancia recorrida fue mayor. Cuando llegamos al final le pregunté a Marvin si veía algo. Su voz llegaba débil aunque legible y comunicó que había visto dos puntos de luz en el fondo del agujero. Seguro que se trataba de la bestia que había horadado esas galerías. Para nuestra consternación la cuerda dejó de tener peso. Rápidamente subimos la cuerda y nuestros temores se hicieron realidad. En el extremo de la cuerda, donde debía estar Marvin, no había nada. ¡Maldición!. Ahora debía rescatar a dos compañeros antes de proseguir con la exploración de ese nefasto lugar.

Tras una rápida valoración de la situación decidí descolgarme por el hueco atado a la cuerda que Alvin tenía sujeta. El descenso fue corto, pues habíamos desatado las cuerdas. La oscuridad me envolvía. No podía ver nada y menos los dos puntos que Marvin había descrito. Estando en esta situación sentí cómo la cuerda se agitaba bruscamente ascendiendo y descendiendo de forma brusca. Gritando pregunté a Alvin, que se encontraba a la entrada del agujero, qué estaba sucediendo. Por respuesta recibí: “¡Algo está viniendo hacia mí!. ¡ALGO VIENE HACIA MI!”. El terror en la voz de mi compañero era patente por lo que supuse que debía ser algo realmente horrendo y peligroso lo que había provocado ese acceso de pánico en un guerrero tan capaz. Viendo que era imposible subir por la cuerda y que, posiblemente me precipitaría al vacío preferí soltarme, no sin antes coger a Mili, mi martillo de guerra, y la espada que Alvin me había prestado. Con una oración a Thor me precipité al vacío con la certeza de que encontraría la muerte en las afiladas rocas del fondo o sirviendo de comida al monstruo artífice de estos túneles. La caída fue breve y, para mi sorpresa, caí sobre algo elástico y blando que frenó mi caída y evitó que recibiera cualquier lesión o herida. A causa del encontronazo perdí mis armas y con la mano derecha pude tocar la materia que había salvado mi vida…

 No pude detectar la sustancia puesto que, con un alarido, Alvin calló de las alturas huyendo del horror que le perseguía. Al cabo de un momento pude oír la voz de Juanito que, desesperadamente, pedía ayuda. Con más calma palpé la sustancia que me sostenía y con horror pude constatar que se trataba de tela de araña (este bicho ha sido el terror de varios de grupos de aventureros que, a causa de sus picaduras, ha perdido a la mayoría de sus miembros). Con esfuerzo me di la vuelta, poniendome bocabajo y me dirigí hacia Juanito que pedía ayuda desesperadamente ignorante del peligro inherente a las telas de araña (por todos es bien sabido que, donde hay una tela de araña está su artífice). Alrededor podía ver las siluetas de Alvin y Marvin que trabajosamente se estaban, y para mi consternación, se estaban abriendo paso por la telaraña provocando violentas sacudidas que atraerían su atención. Con cuidado intenté dirigirme hacia Juanito pero era imposible mantenerse en la superficie. Me estaba hundiendo lenta pero inexorablemente mientras iba en dirección a los gritos de auxilio que mi pobre compañero lanzaba. En un momento dado mis manos dejaron de tocar telaraña para pasar a tocar la más absoluta de las nadas. Con cautela alargué la mano y toqué una cosa repleta de pelos. ¡Thor bendito, era la pata de la araña!. ¡Había llegado al centro donde ella moraba!. Recé todo lo que pude a Thor, dios de dioses, para no atraer la atención de la bestia. Decidí seguir bajando, rodeando el núcleo de la telaraña. En un momento dado mis manos tocaron algo húmedo. Era barro. Había llegado al fondo del agujero. Arrastrándome trabajosamente  conseguí salir del entramado de seda. Me sacudí las hebras y el barro y, al levantar la vista, contemplé dos altas siluetas, al menos más altas que yo que me preguntaron qué o quién era yo. Contesté que era Zebulón, seguidor de Thor y ellos contestaron que eran Iliana y Airin. Acto seguido llegaron Alvin y Marvin y procedí a trazar el plan de rescate del pobre Juanito que, desesperado, daba gritos de auxilio.

Solicité a Alvin y Marvin que se trasladaran al otro lado de la telaraña e intentaran atraer la atención del monstruo mientras yo intentaría escalar para llegar hata Juanito. Para mi desesperación los dos gnomos titanes se pusieron a discutir durante un largo rato sobre quién llegaría antes llegando a apostarse una moneda de oro para ver quién era el primero en llegar a Juanito. Desesperado del díscolo proceder de mis compañeros cogí la antorcha y prendí la telaraña buscando una solución rápida, rezando a Thor para que Juanito saliera con bien de esta. La deflagración consiguiente nos pilló por sorpresa chamuscándonos un poquito pero, para mi consternación, el cuerpo de Juanito se precipitó como un bulto inerte sobre el suelo. Rezando a Thor para que me concediera el don de poder curar cualquier herida de mi pobre compañero salí corriendo hacia su cuerpo inmóvil pero mi carrera se vio interrumpida cuando alguien me empujó hacia un lado. Cuando recuperé el equilibrio contemplé cómo Marvin daba un golpe en la frente de Juanito y soltó un: “¡te rescaté! ¡he ganado, me debes una moneda de oro!” se puso a dar saltos de alegría. Esto ya era el colmo. Mi ira se inflamó como la telaraña por el díscolo e irresponsable comportamiento del gnomo titán. Con una mirada asesina me dirigí al cuerpo de Juanito y le impuse las manos para curarle las posibles heridas. Miré en derredor y observé el cadáver reseco de la araña y a su lado a Alvin propinándole mandobles y gritando: “¡Muere, muere, muere!”. Era evidente que el monstruo había muerto tiempo ha. Mi mirada se posó sobre Marvin y le eché un rapapolvo recriminándole el irresponsable comportamiento exhibido momentos antes así como a Alvin por tomar la vida de un compañero como un juego de azar y hacer apuestas a su costa. Las caras de los gnomos titanes pasaban desde la consternación hasta el  asombro. Juanito se incorporó y con voz rasposa pidió agua.

Tras reunirnos con nuestros nuevos visitantes procedimos a las presentaciones:

-         Iliana: guerrera elfa que está de muy buen ver. Aventurera en ciernes.

-         Arin: Semielfo que, por las apariencias, parecía un druida.

Ambos eran bellas criaturas, como corresponde a estas razas. Tras esto les invitamos a seguir con nosotros en la exploración de esos túneles y, si querían, en un futuro pasar a forma parte de nuestra compañía e ir en busca de aventuras, fama, gloria y riquezas. Tras esto nos pusimos a explorar los túneles. Nuestros pasos nos encaminaron hasta un túnel, recubierto de babas, síntoma de que el propietario de dichas secreciones no era agradable de contemplar, que desembocaba tras sortear unos escombros, en una amplia sala construida con sólidos bloques de roca. En uno de los lados había una puerta y en un lateral unos despojos humanoides. Tras explorar la sala intentamos abrir la puerta que había sido golpeada y astillada por algo que no había conseguido abrir. Seguramente los autores de estos destrozos en la puerta habían sido esos pobres desgraciados. Nuestros intentos por abrir la puerta resultaron fallidos.

Iliana y Alvin, que estaban apostados en la entrada al túnel, dieron la voz de alarma de que algo se acercaba arrastrándose hacia nosotros. Rápidamente me acerqué para evaluar la situación. Efectivamente, algo se estaba acercando y los pelos de la nuca, que tenía erizados, me decían que no era agradable de contemplar. Con una orden nos pusimos en guardia para recibir a nuestro inesperado visitante.

He de dejar aquí mi relato, querido lector, puesto que otras ocupaciones reclaman mi atención.

Saludos,

Zebulón Stoneye, humilde servidor de Thor, grande entre los grandes.

Septiembre 19, 2006

Crónica de los KOWT (17/09/06). Los Comienzos (o un punto de Infra-vista distinto)

Archivado en: Rol — littlebob @ 9:32 am

Querido lector, mi nombre es Zebulón y pertenezco a la familia Stoneeye. Las proezas de mi familia, que no han sido pocas, me inspiraron a vestir los hábitos de clérigo guerrero, pero no es momento de hablar de mi en particular ni de mi familia. Me dispongo, querido lector, a relatar las aventuras de un grupo de aguerridos aventureros que, como una familia aventurera, se hacen llamar Los Hijos del Trueno. Este nombre, aun a riesgo de ser motivo de chanza, será, a buen seguro, reconocido a lo largo y ancho del mondo y su sola mención propagará el miedo entre las tribus de humanoides, criaturejas y bichos en general. Amén de provocar un deseo insaciable por parte de todas las féminas que querrán yacer con cualquier de sus integrantes y saborear las mieles del amor entre las sábanas.

Como decía, seré el narrador de sus aventuras pero, antes, se hace necesario realizar la presentación de sus integrantes:

- Juanito Golosina: Mediano aquejado de diversas dolencias, siendo la más grave la sordera que, para su profesión, no es demasiado recomendable padecer.

- Marvin y Alvin: Primos entre si, de la raza gnomo titán, aguerridos guerreros y que, por ahora, no han podido demostrar el brío y mala uva que estos seres demuestran en combate.

- Zebulón Stoneeye: Vuestro humilde servidor. Clérigo y guerrero que adora al grandioso Thor y que, como misión, tras ser ordenado en mi congregación, tiene que llevar la verdad sobre mi dios a todos los rincones del mondo y, de paso, dar algún que otro mamporro a los seres de la oscuridad.

Estos son, por ahora, los integrantes de la compañía Los Hijos del Trueno. Como podreis suponer, este nombre no me desagrada en absoluto pues, el trueno es el símbolo de mi dios. Creo que es una señal que augura un futuro de riquezas, fama y gloria para nosotros.

Nuestro encuentro tuvo lugar en Fangaeria, cuya capital lleva el mismo nombre. Creo que Thor, grande y poderoso donde los haya, dispuso todo para que el encuentro de una serie tan dispar de seres se fuera posible y, a la larga, se entendieran en los temas económicos, aventureros e institucionales. Tras las presentaciones de rigor, y dado que nuestros intereses iban en el mismo sentido: aventuras, fama, gloria, mujeres, vino, cerveza…; decidimos constituirnos como compañía aventurera y salir en busca de aventuras. Tras mucho pensar nos decantamos por un nombre simple, pero resultón, para nuestra compañía. Tras esto nos dirigimos hacia el peor de los enemigos que se pueda un aventurero encontrar: el funcionario del registro de compañías aventureras. Es el ser más mezquino, maligno e indeseable que se pueda uno echar a la cara. Seguro, amable lector, que sabrás de qué os estoy hablando puesto que, a buen seguro, tú también habrás tenido que soportar los tejemanejes de estos insidiosos seres. Peores que los goblins, a fe mía. Mi mente, tocada por Thor, me hizo entrever que estos seres son manejados por un ente superior, llamémosle Señor E, y tienen órdenes de hacer pasar las de Caín (en los anales del mondo, Caín las pasó canutas por un pequeño encontronazo de pareceres con su hermano) a los pobres aventureros que quieren poner su granito de arena en los libros de historia del mondo, a base de sacarles hasta la última pieza de oro que en sus bolsas tengan.

Esto lo se de buena tinta porque lo esperimenté en carne propia. Mis compañeros, sin demasiados posibles económicos, tuvieron que convertirse en deudores de un servidor, que sí que tenía suficiente dinero para sufragar los gastos. Tras soltar la mosca y aguantar la sonrisilla malevolente del funcionario de marras, recoger los libros de compañía y cuentas y decidir quién era el Amado Líder de los Hijos del Trueno (honor que recayó en este humilde servidor de Thor) nos dirigimos hacia la posada más cercana con la intención de recavar información sobre posibles aventuras donde conseguir, lo primero, algo de dinero con el que poder subsistir. Tras deambular cierto tiempo, nos enteramos de que, en Farzey, estaban pasando dificultades a causa de las repetidas incursiones de humanoides que arrasaban todo a su paso. Sin pensarlo dos veces nos encaminamos hacia esa ciudad donde recavamos la pertinente información y nos alegró saber que, por cada par de orejas, se recibiría una recompensa. Esto estaba sujeto a una condición: se pagan los martes y los jueves.

Todo esto, tras comprobar que el nivel intelectual del funcionario destacado en el cuerpo de Guardia de la ciudad dejaba demasiado que desear. Tras esto nos encaminamos hacia nuestro destino siguiendo la carretera por la que circulaban multitud de caravanas y viajeros. Al caer la tarde, procedimos a acampar y dar descanso a nuestros pobres músculos. Sólo un aventurero puede saber la satisfacción que encierra el charlar con tus iguales aventureros, comentando las aventuras pasadas, nuestro pasado y nuestros planes de futuro (entre los que el plan primordial es sobrevivir, claro). En un momento dado, Marvin se levantó para atender a las necesidades fisiológicas que todo aventurero se ve, tarde o temprano, obligado a satisfacer. Mientras echaba un cañote un destello llamó su atención. Era un anillo que estaba a su izquierda. Lo recogió con cuidado y, nada más levantar la vista, observó que, tras unos matorrales, se encontraba la entrada a lo que parecía una cueva. Rápidamente, y como pone en el Manual del Buen Aventurero, fue a avisar al resto del grupo, entre cuyos miembros tengo el honor de encontrarme.

Tras pertrecharnos debidamente para la exploración preliminar de la cueva nos encaminamos a la entrada desde donde se podía oler, perfectamente, los orines que alguna criatura había dejado a modo de regalo. Juanito, atendiendo a los gajes de su profesión, se dispuso a realizar la exploración pertinente pero, nada más entrar, se dio cuenta de una cosa: no estaba dotado con el don de la infravisión, como el resto de sus acompañantes. Por tanto se hacía necesario disponer de una antorcha. Alvin y Marvin se dieron cuenta de que no disponían de ninguna y se pusieron a echarse las culpas el uno al otro por la falta de previsión a la hora de realizar la lista de la compra. Thor, grande entre los grandes y sabio entre los sabios, me dotó, por suerte, de un poco más de seso que mis compañeros, sin ánimo de ofender, por supuesto, y me hizo ver, al realizar la lista de la compra, que sería necesario hacerse con los servicios de unas antorchas. Porsiaca, como decíamos en el monasterio. Le presté una antorcha encendida a Juanito y se dispuso a entrar seguido, a cierta distancia, por los demás y prestos a cualquier imprevisto.

Transcurridos unas cuantas decenas de metros y tras comprobar que la cueva era, más bien, un túnel que se adentraba en la tierra, llegamos a una trifurcación (el pasadizo se dividía en tres por lo que, si un pasillo que se divide en dos es una bifurcación, un pasillo que se divide en tres es una “trifurcación”). Juanito decidió seguir por el de más a su izquierda. De mi mochila saqué una tiza con la que marcar la ruta en las paredes pero, en ese momento, Malvin se me puso a decir que debería ser así y asao la forma de marcar las paredes y, en un momento, perdimos de vista a Juanito. Salimos corriendo por el pasadizo que había tomado Juanito sin llegar a ver, en ningún momento, la luz de la antorcha cuando llegamos a una bifurcación del camino. Decidimos explorar cada pasadizo dejando a Marvin en el medio para que sirviera de referencia. Yo iría por el de la derecha y Alvin por el de la izquierda. Hasta este punto el plan era fantástico. Tan sólo falló cuando recibí un aviso de alerta de Marvin. Cuando llegué a su altura me comentó, con patente preocupación en sus ojos (estaba oscuro y no se veía pero, por el tono de voz, se que la preocupación era patente y se reflejaba en sus ojos) que había oído un grito procedente del pasadizo que había tomado su primo Alvin. ¡Maldición!. Habíamos perdido a dos integrantes de nuestra compañía y era necesario encontrar a los dos pero, ¿en qué orden?.

Me disculparás, amable lector, que deje aquí el relato de las aventuras de los Hijos del Trueno. Me han avisado los compañeros para ir a tomar un café y debatir sobre lo humano y lo divino, es decir, sobre mujeres y fútbol.

Septiembre 18, 2006

El peor enemigo

Archivado en: Partidas — earlthane @ 12:53 pm

Ayer, los KOWT, por cosillas que no viene al caso contar ahora empezaron la partida de nuevo. Tras el trámite de crear los personajes, conocieron la furia de un Máster y su monstruo represaliador.

A pesar de haberles dicho que confirmaran asistencia, hasta dos KOWT faltaron sin avisar y un tercero avisando a última hora.

A pesar de haberles dicho que vinieran con los pejotas hechos, dos de los cuatro asistentes vinieron sin personaje y de los otros dos, uno se había hecho mal el pejota.

Así que tuvieron la desfachatez de hacer esperar a su Máster -no a cualquier Máster: ¡A MÍ!- mientras se hacían o terminaban sus miserables personajillos sin esperanzas.

Pero la venganza es dulce aunque se saboree recién salida del horno. Allá que van, camino de la perdició… digoooo, camino de la Garganta del Infierno, dolidos, humillados y machacados por un simple funcionario de Fangaeria (CC).

¡Qué duro es el proceso de registro de una nueva Compañía Aventurera! ¡Y cuán más duro será enfrentarse al gremio de aventureros sin estar registrados!

Comienzan las aventuras de… (mpffft)

¡Los Hijos del Trueno!

No, en serio, el nombre y todo su horterismo y tono cursi es de ellos. Deniego toda responsabilidad o participación en la elección de tan insigne (mpppfffft) nombre.

Ahora están en un túnel, separados. Han oído un “¡yiIIAAAaaaaa!” que venía del frente, en la oscuridad. ¿Irán a la derecha? ¿Seguirán al frente? ¿Se romperán algo en la segura caída?

Las respuestas a estos enigmas y a algunos otros las podréis tener cada semana en aquí.

Blog de WordPress.com.