Knights of the Wheeled Table

Octubre 31, 2006

Vergüenza en la mesa

Archivado en: Partidas — earlthane @ 9:19 am

El domingo el grupo se metió sin saber lo que era en la guarida de un cabreajón. Llegaron al chunga chungórun y allí, cuando se disponían a saquear, les sorprendió el bicho. Sorprender es una forma de decirlo, ya que no hubo sorpresa.

El bicho ataca en el 1, saca un 1, se golpea la cabeza, falla la TS y cae inconsciente. Fin del combate.

Un momento, que casi se me olvida.

Que la de ellos fue peor.

Momento estelar de la partida: cruzar un río.

Pero antes…

Cómo descender una pendiente algo escarpada

Ante este problema, el grupo llegó a la conclusión de que… uno a uno. Baja el primero, llega abajo y llama al siguiente. Tiempo de bajar quizá cuatrocientos hackmetros, con una inclinación de eso de quince grados para seis aventureros: siete horas y pico.

El río de la vida muerte

Jamás bravos aventureros se enfrentaron a tamaño peligro para sus vidas como cuando debieron cruzar un enfurecido río de ¿pie y medio de profundidad, si acaso?

Situación: un enano (pequeñito), dos gomos titanes, un mediano, una zorr.. digoooo una teton… digoooo un receptáculo de esp…. digoooo una elfa, y un jipi semielfo. Deben cruzar un río. A los menos altos les llega poco más que por encima de las rodillas. A los demás, por el pecho.

Tienden una cuerda mal anudada y… es el caos.

Va Martin… ¿o quizá es David? y se hunde. Se ata a la cuerda, pero los nudos ceden. Le arrastra la corriente, se golpea contra las rocas, sus compañeros no saben qué hacer. Calvin se ata a una cuerda, se tira al río para rescatar a su compañero y se va al fondo. El jipi le rescata, y Calvin vuelve a tirarse, a irse al fondo y a ser rescatado. Repetir una vez más. La elfa, entretanto, ata una cuerda a una flecha y se plantea rescatar al pobre David/Martín al estilo ballenero (“somos balleneros, somos arponeros, pero como en el río no hay ballenas cantamos canciones“), el New Pater, o Pater New Era, empieza a emular a la elfa, pero en vez de con una flecha, con un martillo de guerra (¡!), Lassie corre junto a la orilla, ladrando como una posesa mientras el pobre Billy es arrastrado por la inmisericorde corriente…

Pero volvamos a Martín/David. El cadavérico -perdón, me adelanto a los acontecimientos. El pobre gomo titán está atorado entre las rocas mientras el agua inunda su pequeño cuerpecín, y sus compañeros ya no saben qué hacer.

Es entonces cuando alguien recuerda preguntar por la profundidad del río y… la elfa entra en el río, caminando, estira la mano, agarra al gomo y lo saca del pescuezo.

Más dura será la caída

Más adelante, toca subir una pared rocosa que, a pesar de los numerosos agarres, raíces, ramas, rocas y huecos para meter dedos y pies, comprende un problema para el Smurfs’ Team, Snowwhite and her Hippie Companion. Aquí, como no quieren repetir la mongolada de la bajada de pendiente, deciden subir todos a una. La elfa da un espectáculo bochornoso al resbalar quizá como cuatro medias docenas de veces y agarrarse a la pared como una ladilla a la entrepierna de un ogro. Juanito, el mediano ladrón sordo, conocido como el Wall Climbing’s Bane, se salva sólo gracias a quedarse sin Honor. Le fue de bien poco. Si no hubiera sido por aquella raíz… Pero el amigo Martín/David… había subido los primeros cien pies de escalada cuando un fatal error de cálculo le hizo soltar al mismo tiempo las dos manos y un pie, con el consiguiente escarceo amoroso con Dama Gravedad. Hizo lo imposible por salvarse, incluyendo gastar un Mulligan para repetir la tirada y volver a pifiar.

Croc.

Los compañeros miraron hacia abajo.

- Deberíamos enterrarle dignamente.

- Hay que bajar para eso, y luego volver a subir.

- Pues ahí que se quede.

Y allá que siguieron, temerarios, corajudos, inmunes al cansancio, el miedo, las reducciones de número en sus filas, entonando la canción guerrera del aventurero:

Al partirle el pecho a un dragón

Me salió la sangre en surtidor

Manchándome pechera,

Yelmo y hasta espaldera…

Octubre 16, 2006

Crónica de los KOWT (8/10/06 y 15/10/06). ¿Es ese tu verdadero nombre?. Camino de las Minas del Caos

Archivado en: Partidas, Rol — littlebob @ 8:52 am

Te doy la bienvenida de nuevo, amable lector, a mi celda. Estoy seguro que sabrás perdonar el desorden que campea por este reducido espacio en el que habito pero, últimamente, estoy en pleno proceso de redecoración. Siéntate, por favor, que en un momento recomenzaré la historia de esta aguerrida compañía de aventureros a la que tuve el honor de pertenecer.

Como recordarás, nos encontrábamos en medio de la masacre provocada a los ogros en las letrinas de la mazmorra. Alvin había caído víctima de un poderoso hachazo por parte del ogro y nos encontrábamos exhaustos por el esfuerzo. Juanito todavía estaba inconsciente a causa del tremebundo golpe recibido en su hombro. Mientras recuperábamos el resuello pudimos llegar a escuchar unas voces que pedían auxilio. Rápidamente, pero sin bajar la guardia, salimos de la habitación en dirección a las voces con la intención de socorrer a sus dueños y acabar con todo aquello que se pusiera en nuestro camino. Tras recorrer el pasillo todo lo aprisa que mis piernas me permitían, llegamos a las inmediaciones de una puerta que se encontraba entornada. Lentamente la abrí y ante mi se desplegó una gran habitación repleta de comida a medio comer y, en medio, una fogata sobre la que había atados, en un espetón, dos figuras de pequeño tamaño pidiendo ayuda. Rápidamente me acerqué a ellos y con cuidado los liberé.

Tras un momento para recuperar la compostura y el resuello nuestros amigos se presentaron: Calvin Muerdescudos y David Upsala (luego se demostró que este no era su nombre y que se llamaba, realmente, Martín Protector). Tras las pertinentes presentaciones y tras darle la noticia a Calvin de que sus primos habían muerto honorablemente en batalla, esperando los segundos pertinentes para que llorara sobre sus cuerpos presentes, nos dispusimos a recorrer la totalidad de la mazmorra donde moraban los ogros. Según nos contó Calvin, los cuatro ogros a los que habíamos dado muerte eran los únicos habitantes de aquel lugar. También nos contó que había recuperado el conocimiento dentro de la mazmorra y que había escuchado al ogro de la gran hacha, que debía ser el jefe de aquellas criaturas, hablar con una mujer en un tono un tanto poco amistoso. Tras recorrer la mazmorra, localizar una habitación por la que subía una escalera de caracol y comprobar que no había ningún peligro, nos dispusimos a restañar nuestras heridas, llevar a Juanito a la sala donde pasaríamos la noche para que se recuperara y llevar los cuerpos sin vida de los primos Muerdescudos a lugar seguro.

No se cuánto tiempo pasamos en aquel lugar. Lo único que se es que descansé e imploré los dones de Thor para que me permitiera curar a Juanito y a las nuevas incorporaciones de nuestra compañía (Calvin y David/Martín Upsala/Protector). Una vez recuperados nos dispusimos a subir la escalera de caracol camino de la libertad. El ascenso se hizo largo pero, por fin, llegamos a la cima que no era otra que lo alto de una torre azotada por los vientos. Salí de la trampilla en el suelo y arrastrándome para no ser llevado por la ventolera me asomé al borde para ver cómo podíamos bajar de allí. Había dos opciones: bajar por la escalerilla de espaciadísimos peldaños que había en una parte o bajar por la cuerda por el risco del lado contrario. Tras comprobar que bajar por la escalerilla era demasiado arriesgado nos descolgamos por el risco en dirección a un camino que había más abajo. No entrañó demasiada dificultad y, cuando todos estuvimos abajo, nos dispusimos a seguir camino hacia algún lugar civilizado donde descansar.

La noche nos alcanzó, así como un gran aguacero que nos obligó a apartarnos del camino y buscar un refugio evitando que la riada nos llevara con ella. A la mañana siguiente llegamos a lo que parecía un cuerpo de guardia rodeado por la niebla. La luz de un fanal iluminaba los alrededores de la puerta y una voz nos dio el alto. Como líder de la compañía me adelanté y presenté mis respetos a los guardias allí destacados. Amablemente nos invitaron a descansar y tomar un caldito reparador que nos sentó de maravilla. Tras esto proseguimos camino y llegamos a la fortaleza. Allí nos las tuvimos que ver con la guardia de la puerta. Comenté que veníamos de lo alto del camino y que habíamos descansado en la casa de guardia de allá arriba. Esto extrañó sobremanera al guardia ya que nos dijo que aquel lugar se encontraba deshabitado desde la gran incursión orca. Yo le aseguré que nos habíamos encontrado allí a gente armada que nos ofreció cobijo y algo de comer. No tenía porqué mentir. Thor estaba de mi lado y sabía que la verdad nos hace poderosos. Con un gruñido de disgusto guardia me acompañó, junto con un par más de hombres armados, a la caseta de guardia. No llegamos demasiado lejos puesto que los modales de ese caballerete y la forma de dirigirse a un servidor de Thor, es decir a mí, no me gustaron en absoluto. Era uno de esos días en los que uno está en plan guerrillero y que le molesta todo. Y más molestias que la mala educación de un paleto no hay nada.

El cabo me espetó a la cara que más vale que hubiese alguien allí porque le habían sacado de la cama en su día libre para acompañarme. Esto precedido de más de un mal gesto hacia mi persona. Recordé las sabias palabras de Thor que rezan así: “Recuerda que, en todo el Panteón del Mondo, sólo hay un dios que permite que le traten como a una estera. Yo soy grande entre los demás dioses, y tú, por ser adorador mío, eres tan grande como yo entre los mortales. Si te faltan al respeto me faltan a MI al respeto”. Yo no podía permitir que me faltaran al respeto puesto que, por esa misma razón, estaban faltando al respeto a Thor. Así que le comenté que un servidor no tenía la culpa de que le hubieran interrumpido, en su día libre, la labor de peletería que, a buen seguro, estaba haciendo en ese momento en su cama. Minipeletería, seguramente, puesto que tendría que manejar el pellejo con unos palillos para obtener algo de satisfacción. Esto no pareció gustarle y me dijo que me llevaba preso. No me negué. El sufrimiento en nombre de mi dios me haría más pío y sabio ante sus ojos. Pasé atado al poste un tiempo, durante el cual no dejé de entonar el cántico número 9 en loor de mi dios: “Always look on the bright side of life”.   Este no fue el mayor de nuestros problemas. Este llegó a la hora de dar nuestros nombres para el registro dentro de la fortaleza. El primero en entrar fue Calvin que, sin problemas, rellenó el cuestionario del funcionario de turno. 

-         Nombre: Calvin Muerdescudos.-         ¿Qué viene a hacer aquí?: a descansar y restañar nuestras heridas.-         ¿Trae algún bien comerciable?: No.-         ¿Cuál es el nombre de sus compañeros?: Zebulón (un servidor), David Upsala (el gnomo mago de batalla), Juanito (el ladrón sordo), Iliana (la elfo de buen ver) y Arin (semielfo druida rastafari). El siguiente fue otro gnomo titán. Todo fue bien hasta que le hicieron la primera pregunta: 

-         ¿Nombre?: Martín Protector. El problema se agravó cuando el resto de los componentes dijeron que se llamaba David Upsala. Esto mosqueó demasiado a los funcionarios que arrestaron a David/Martín Upsala/Protector. Casualmente encontraron la hoja de delitos de un tal David Upsala que estaba acusado de falsificación a gran escala. Esto suponía la perdición para nuestro dudoso compañero que fue juzgado y condenado a 2 años de cárcel o al pago de 582 monedas de oro. Prefirió, evidentemente, esta segunda opción para lo cual le confiscaron el libro de conjuros. Desde entonces, y sin saber porqué, las miradas que nos echaba eran de todo menos amistosas. ¿Por qué nos mentiste Martín, si es que ese es tu verdadero nombre? 

Tras ser liberado nos alojamos en el perro quemado, una posada carera que nos cobraba a precio de oro el alojamiento. Tras recopilar algunos rumores decidimos encaminarnos hacia las Minas del Caos donde, supuestamente, se podían encontrar multitud de orcos cuyas orejas eran bien pagadas como trofeos. Tras comprar los pertrechos necesarios nos encaminamos hacia allí. La noche se nos echó encima y tuvimos que pasarla en la casa de guardia deshabitada. Juro por Thor que aquella vez el aspecto era bien distinto. Tras pasar allí la noche y comprobar que Calvin se había quedado dormido en su guardia nos encaminamos hacia nuestro destino. Llegamos al río y subimos su curso por la ribera. Al cabo de un tiempo encontramos un cuerpo de orco totalmente destrozado. Mientras observábamos esto nos dimos cuenta de que había sido atacado por una gran bestia. En ese momento un movimiento en los arbustos atrajo nuestra atención. Con un rugido un gran buhoso de grandes cuernos cargó contra nosotros. Siguiendo las indicaciones de Calvin nos movimos para atacarle por todos lados. David/Martín demostró ser de confianza puesto que se puso delante de la bestia y la acuchilló a conciencia. Esto mosqueó sobremanera al bicho que le propinó un zarpazo que lo mandó a cierta distancia. A petición de Calvin me retiré con cuidado para socorrer al compañero caído. La bestia no duró demasiado y feneció presa de nuestros mandobles.  Habíamos tenido nuestro primer enfrentamiento después de los ogros y no habíamos salido tan mal parados. Eso si, la tragedia se mascó, y rondó sobre la cabeza de Martín. Menos mal que pasó de largo. 

Lo dejo aquí, querido lector. He de recolocar por orden alfabético los discos mágicos musicales.

Octubre 2, 2006

El deber del Máster, los sentimientos del jugador

Archivado en: Partidas, Uncategorized — earlthane @ 1:56 pm

Ayer, con todo el pesar de mi corazón, cayeron dos valerosos y bravos
gnomos titanes.

Como Máster, me congratulo y alegro de haber cumplido mi deber: los dados quedaron donde cayeron. Y los pejotas también, por lo menos hasta que sus compañeros se los llevaron para los ritos funerarios que se merecían.

Alvin (o Marvin) cayó por las heridas sufridas en combate. A veces la muerte llega cuando menos te lo esperas y un simple roce puede llevarte bajo tierra. Aunque estuvieras en una mazmorra, se entiende lo de “bajo tierra”.

Marvin (o Alvin) feneció heroicamente en el fragor del combate. Llevó lo peor de una lucha desigual y *sucia*. El combate, a veces, no es lugar para el Honor ni las sutilezas de la caballería y la única forma de vencer es apretar los dientes, comerse el marrón y hacer todo lo que se pueda, esperando que sea suficiente.

Se puede decir, en definitiva, que el grupo se cubrió de “gloria”.

Digo, decía, que como Máster estoy orgulloso de haber cumplido y dado muerte a Alvin y a Marvin (o Marvin y Alvin), aunque como jugador y rolero, lamento la pérdida de estos dos jugadores.

La guerra, el combate, los dados no conocen de justicia. Sólo de ecuanimidad e imparcialidad. Así debe ser un Máster.

Crónica de los KOWT (1/10/06). Libertad y Pérdida.

Archivado en: Uncategorized — littlebob @ 10:00 am

Bienvenido de nuevo, amable lector, a mi humilde celda. Puedo sentir que estás deseando que prosiga con la historia de este aguerrido grupo de aventureros, conocido como Los Hijos del Trueno. Bendito nombre que, a mis oídos, hace latir de gozo este corazón que eleva sus alabanzas a Thor, grande entre los grandes del Panteón del mondo.

Como podrás recordar, amable lector, nuestros protagonistas, entre los que tuve el privilegio de encontrarme, estaban atrapados en una amplia sala en las profundidades de la caverna, intentando abrir una puerta que se negaba a moverse lo más mínimo, mientras, por el túnel, algo se arrastraba hasta nosotros. Como buenos profesionales nos aprestamos a plantar cara a la misteriosa amenaza. Mi posición estaba junto a los de mis compañeros: Alvin y Marvin, los aguerridos gnomos titanes; Juanito, con un valor cuya grandeza es directamente proporcional a su sordera; Arin, nuevo compañero de aventuras, semielfo él; Iliana, perteneciente a la nación Alto Elfo… Mi cuerpo rejuvenece al recordar a esa criatura, bendito Thor. Pues bien, tras situarnos lo mejor posible para hacer frente a la amenaza en una posición ventajosa, una sombra, más negra que la propia oscuridad, iba tomando forma en el túnel que llegaba hasta nosotros.

Nuestros ojos, tras recuperarse por el deslumbramiento provocado por la antorcha de Juanito, se pusieron como platos al ver aparecer un monstruo viscoso, parecido a una babosa, con tentáculos por extremidades excepto un brazo, que vagamente recordaba a uno humano, que sujetaba un arma. Los primos Muerdescudos, situados en primera línea de batalla empezaron a propinar poderosos mandobles a la criatura. Esta debía estar imbuida por los poderes de algún maligno dios puesto que los poderosos golpes no hacían mella en la criatura. Iliana pudo acertar en la criatura con una de sus flechas, a pesar de estar deslumbrada por la antorcha. Los golpes estaban haciendo mella en el ánimo de nuestro adversario. Parecía que la victoria sería fácil pero, ay, qué amargo puede ser su sabor.

La criatura, alcanzó con uno de sus tentáculos al pobre Marvin antes de perecer bajo los golpes de su primo. Con dificultad pudimos liberarlo del abrazo del tentáculo. Parecía que no había sido nada del otro mundo pero nada más lejos de la realidad. La criatura, al alcanzar a Marvin, le había inoculado un potente veneno que provocaba en sus víctimas una parálisis tal que las llevaba a la muerte al colapsar el sistema respiratorio. A pesar de todos mis esfuerzos para salvar a mi aguerrido compañero contemplé, impotente, cómo moría de asfixia. Mi corazón se entristece al recordarlo, a pesar de que los primos juntos fuesen más dolorosos que un dolor de muelas. Alvin se derrumbó presa de la pena al contemplar a su primo muerto. A pesar de la pena que atenazaba nuestros corazones por la perdida de tan valeroso guerrero y compañero, nos pusimos en marcha para salir de esa maldita caverna. Tras intentar, por enésima vez, abrir la puerta, nos dirigimos al túnel lateral que corría, según mis cálculos, paralelo al que nos encontrábamos, con la intención de encontrar una salida. Grande fue mi decepción al comprobar que el suelo del túnel se interrumpía para dejar paso a un abismo en cuyo fondo se podía escuchar el rumor del agua corriendo. Tras intentar, sin éxito, que Juanito pasara al otro lado atado a una cuerda, me di cuenta de que la única forma de salir estaba en la sala en la que habíamos acabado con el monstruo.

Una vez allí, observé la situación y pedí iluminación y clarividencia a Thor para que me guiara a la resolución de aquel enigma y conseguir salir de allí. Mis ojos se posaron en la pila de cadáveres en avanzado estado de descomposición que se encontraban en el extremo de la sala. Me di cuenta de que no habíamos examinado aquella parte debido a lo maloliente de los cuerpos. Haciendo de tripas corazón me acerqué a los cadáveres y empecé a apartarlos para averiguar qué escondían debajo. Mi sorpresa fue mayúscula al comprobar que, bajo los cuerpos, había un agujero del que emanaba un hediondo olor a heces y putrefacción. No tardé demasiado en darme cuenta de que aquél agujero era una letrina y que esta podría ser, muy a nuestro pesar, la única vía de escape. Alvin se adentró en el agujero con la intención de examinarlo seguido por un servidor sujetando con mi mano la cuerda que serviría de aviso para los compañeros que se quedaban detrás. El olor taladraba nuestras fosas nasales. Con la mano iba siguiendo el techo con la esperanza de encontrar un agujero por el que poder escapar. Al cabo de unos metros pudimos escuchar, claramente, un sonido que recordaba, de forma vaga, el habla de algún ser humanoide. La mano con la que seguía el contorno del techo dejó, en un momento dado, de tocar piedra. Un agujero subía verticalmente y, el hecho de saberlo, llenó de esperanza mi corazón.

Alvin ya había dejado atrás el agujero sin darse cuenta de su existencia. Con un susurro llamé su atención indicándole con la mano la situación de nuestra posible vía de escape. Cautelosamente asomé mi cabeza por la abertura y pude ver, en el otro extremo, un punto de luz. Mi visión fue fugaz puesto que la luz fue tapada por algo y la voz se hizo más audible. Era como si tuviera una urgencia. Thor me avisó de que algo iba a ocurrir y, por temor a ser descubierto, me retiré del agujero. Acción que realicé justo a tiempo de evitar la caída de una ingente cantidad de heces. Lo que hubiera allí arriba estaba defecando y hacía honor a aquel dicho que solíamos decir en el monasterio: “según come el mulo, así caga el culo”. ¡Qué pedazo de mojón que echó, Thor bendito!. No pude evitar que me salpicara puesto que eso no era ni medio normal. Cuando pareció que había terminado esperé a que la voz se alejara. Mi espera fue inútil puesto que, por el agujero, comenzó a caer agua con la intención de llevarse la inmundicia. Yo estaba a salvo pero Alvin, que se encontraba al otro lado del agujero y en pleno curso de la pendiente, se llevó toda la riada de aguas fecales. Eso sí, lo soportó de una forma estoica digna de alabar. Al cabo de un momento el agua dejó de caer y la voz se alejó. Alvin se aupó por el agujero y, con su descomunal fuerza, dobló los barrotes del enrejado que impedía seguir avanzando. La abertura tan sólo podría dejar paso a aquellos que fuesen de menor estatura por lo que se hacía necesario abrir la reja de otra forma. Sencillo: Alvin destrozó el candado que bloqueaba el enrejado.

Tras tirar de la cuerda dos veces, señal acordada que indicaba que se podía entrar sin problemas por el agujero, Iliana se aupó por el agujero seguido de Juanito que iría de avanzadilla con la intención de inspeccionar el terreno. Esta acción, que en un primer momento parecía una brillante idea, nos llevó al desastre, como podrás comprobar en breve. Juanito, aupado sobre Iliana, se disponía a trepar por el agujero cuando, para nuestra sorpresa, la abertura se volvió a tapar. En este caso ya sabíamos, demasiado bien, qué era lo que tapaba el agujero: un enorme trasero cuyo dueño se disponía a soltar su insana carga. La necesidad de no ser detectados, la situación en si y la sordera que aquejaba a Juanito precipitaron los acontecimientos. Juanito sacó su arma y con una potente cuchillada atacó el trasero que impedía que consiguiéramos la libertad. El dueño del trasero profirió un grito de dolor y dejó vía libre para que Juanito se aupara por la abertura. Al asomar la cabeza comprobó que el dueño del trasero no era otro que un enorme ogro que estaba contemplando atónito y con los pantalones bajados a la criatura que le había picado en su culo. Juanito salió del agujero justo a tiempo para enfrentarse al monstruo. Alvin, trepando por Iliana y, para qué mentir, aprovechando para tocar algo de “carne” llegó a la abertura justo a tiempo de ver cómo el ogro le propinaba un tremendo manotazo a Juanito dejándole al borde de la muerte (según nos relató Juanito más tarde el manotazo le recordó a las yoyas que propinaba un luchador profesional que respondía al nombre de Bud SpencEarl). Alvin, entonando un “¡primo, esta va por ti!” se enfrentó al ogro con todo el poder de su espada y su poderoso brazo. La lucha fue rápida y mortal. Alvin acabó con su adversario pero la alegría fue efímera puesto que, por la puerta, aparecieron dos ogros más armados con espada uno y el otro con un mangual de proporciones monstruosas. La batalla comenzó, Alvin e Iliana se enfrentaron al ogro armado con la espada. Un servidor tuvo que enfrentarse con el otro monstruo armado con el mangual no sin antes imponer las manos e implorar los dones de mi dios para poder curar a Juanito.

Las rápidas estocadas de los aventureros se intercalaban con los poderosos golpes de los ogros. Los ogros eran duros de roer puesto que, nuestros golpes, parecían no hacerles mella. Mi adversario, tras fallar la primera tentativa, me asestó un tremendo golpe que me dejó aturdido durante un momento. En ese momento apareció Arin, que se abalanzó sobre mi adversario salvándome, así, de una muerte segura e ignominiosa. Iliana y Alvin se estaban encargando del otro adversario cuando, por la misma puerta, apareció otro ogro de mayores proporciones que sus compañeros y armado de una descomunal hacha de doble filo. Todo hacía pensar que era el jefe y que, con la aparición de este nuevo y formidable adversario, la balanza se decantaría a favor de nuestros enemigos.

Alvin, con un poderoso golpe acabó con su enemigo y tras proferir un grito de triunfo se dirigió al nuevo adversario acompañado de Iliana. Mientras tanto, Arin y yo manteníamos a raya al nuestro enemigo. Thor guió mi mano y Pili, uno de mis martillos de guerra, impactó poderosamente en la cabeza del ogro mandándole al averno del que había salido. Con horror contemplé cómo el hacha del ogro que quedaba bajaba como el rayo e impactaba sobre el pobre Alvin, partiéndole casi en dos y matándole en el acto. Con una mueca de espanto, rabia y desesperación me abalancé sobre mi enemigo y tras un rápido intercambio de golpes logré acabar con él.

Habíamos conseguido salir de los túneles pero el precio que tuvimos que pagar había sido demasiado alto. Dos buenos compañeros, aguerridos guerreros y familiares entre sí habían dejado este mondo para unirse a su dios, Pangrus, y morar en la sala de los héroes.

La congoja que me provoca recordar la pérdida de estos compañeros me impide seguir con el relato, amable lector. Espero que me sepas disculpar y te emplazo a la siguiente entrega de nuestras aventuras. Me voy a la cantina del monasterio a tomar un reconstituyente y aliviar así el peso que hay en mi corazón.

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