Knights of the Wheeled Table

Octubre 16, 2006

Crónica de los KOWT (8/10/06 y 15/10/06). ¿Es ese tu verdadero nombre?. Camino de las Minas del Caos

Archivado en: Partidas, Rol — littlebob @ 8:52 am

Te doy la bienvenida de nuevo, amable lector, a mi celda. Estoy seguro que sabrás perdonar el desorden que campea por este reducido espacio en el que habito pero, últimamente, estoy en pleno proceso de redecoración. Siéntate, por favor, que en un momento recomenzaré la historia de esta aguerrida compañía de aventureros a la que tuve el honor de pertenecer.

Como recordarás, nos encontrábamos en medio de la masacre provocada a los ogros en las letrinas de la mazmorra. Alvin había caído víctima de un poderoso hachazo por parte del ogro y nos encontrábamos exhaustos por el esfuerzo. Juanito todavía estaba inconsciente a causa del tremebundo golpe recibido en su hombro. Mientras recuperábamos el resuello pudimos llegar a escuchar unas voces que pedían auxilio. Rápidamente, pero sin bajar la guardia, salimos de la habitación en dirección a las voces con la intención de socorrer a sus dueños y acabar con todo aquello que se pusiera en nuestro camino. Tras recorrer el pasillo todo lo aprisa que mis piernas me permitían, llegamos a las inmediaciones de una puerta que se encontraba entornada. Lentamente la abrí y ante mi se desplegó una gran habitación repleta de comida a medio comer y, en medio, una fogata sobre la que había atados, en un espetón, dos figuras de pequeño tamaño pidiendo ayuda. Rápidamente me acerqué a ellos y con cuidado los liberé.

Tras un momento para recuperar la compostura y el resuello nuestros amigos se presentaron: Calvin Muerdescudos y David Upsala (luego se demostró que este no era su nombre y que se llamaba, realmente, Martín Protector). Tras las pertinentes presentaciones y tras darle la noticia a Calvin de que sus primos habían muerto honorablemente en batalla, esperando los segundos pertinentes para que llorara sobre sus cuerpos presentes, nos dispusimos a recorrer la totalidad de la mazmorra donde moraban los ogros. Según nos contó Calvin, los cuatro ogros a los que habíamos dado muerte eran los únicos habitantes de aquel lugar. También nos contó que había recuperado el conocimiento dentro de la mazmorra y que había escuchado al ogro de la gran hacha, que debía ser el jefe de aquellas criaturas, hablar con una mujer en un tono un tanto poco amistoso. Tras recorrer la mazmorra, localizar una habitación por la que subía una escalera de caracol y comprobar que no había ningún peligro, nos dispusimos a restañar nuestras heridas, llevar a Juanito a la sala donde pasaríamos la noche para que se recuperara y llevar los cuerpos sin vida de los primos Muerdescudos a lugar seguro.

No se cuánto tiempo pasamos en aquel lugar. Lo único que se es que descansé e imploré los dones de Thor para que me permitiera curar a Juanito y a las nuevas incorporaciones de nuestra compañía (Calvin y David/Martín Upsala/Protector). Una vez recuperados nos dispusimos a subir la escalera de caracol camino de la libertad. El ascenso se hizo largo pero, por fin, llegamos a la cima que no era otra que lo alto de una torre azotada por los vientos. Salí de la trampilla en el suelo y arrastrándome para no ser llevado por la ventolera me asomé al borde para ver cómo podíamos bajar de allí. Había dos opciones: bajar por la escalerilla de espaciadísimos peldaños que había en una parte o bajar por la cuerda por el risco del lado contrario. Tras comprobar que bajar por la escalerilla era demasiado arriesgado nos descolgamos por el risco en dirección a un camino que había más abajo. No entrañó demasiada dificultad y, cuando todos estuvimos abajo, nos dispusimos a seguir camino hacia algún lugar civilizado donde descansar.

La noche nos alcanzó, así como un gran aguacero que nos obligó a apartarnos del camino y buscar un refugio evitando que la riada nos llevara con ella. A la mañana siguiente llegamos a lo que parecía un cuerpo de guardia rodeado por la niebla. La luz de un fanal iluminaba los alrededores de la puerta y una voz nos dio el alto. Como líder de la compañía me adelanté y presenté mis respetos a los guardias allí destacados. Amablemente nos invitaron a descansar y tomar un caldito reparador que nos sentó de maravilla. Tras esto proseguimos camino y llegamos a la fortaleza. Allí nos las tuvimos que ver con la guardia de la puerta. Comenté que veníamos de lo alto del camino y que habíamos descansado en la casa de guardia de allá arriba. Esto extrañó sobremanera al guardia ya que nos dijo que aquel lugar se encontraba deshabitado desde la gran incursión orca. Yo le aseguré que nos habíamos encontrado allí a gente armada que nos ofreció cobijo y algo de comer. No tenía porqué mentir. Thor estaba de mi lado y sabía que la verdad nos hace poderosos. Con un gruñido de disgusto guardia me acompañó, junto con un par más de hombres armados, a la caseta de guardia. No llegamos demasiado lejos puesto que los modales de ese caballerete y la forma de dirigirse a un servidor de Thor, es decir a mí, no me gustaron en absoluto. Era uno de esos días en los que uno está en plan guerrillero y que le molesta todo. Y más molestias que la mala educación de un paleto no hay nada.

El cabo me espetó a la cara que más vale que hubiese alguien allí porque le habían sacado de la cama en su día libre para acompañarme. Esto precedido de más de un mal gesto hacia mi persona. Recordé las sabias palabras de Thor que rezan así: “Recuerda que, en todo el Panteón del Mondo, sólo hay un dios que permite que le traten como a una estera. Yo soy grande entre los demás dioses, y tú, por ser adorador mío, eres tan grande como yo entre los mortales. Si te faltan al respeto me faltan a MI al respeto”. Yo no podía permitir que me faltaran al respeto puesto que, por esa misma razón, estaban faltando al respeto a Thor. Así que le comenté que un servidor no tenía la culpa de que le hubieran interrumpido, en su día libre, la labor de peletería que, a buen seguro, estaba haciendo en ese momento en su cama. Minipeletería, seguramente, puesto que tendría que manejar el pellejo con unos palillos para obtener algo de satisfacción. Esto no pareció gustarle y me dijo que me llevaba preso. No me negué. El sufrimiento en nombre de mi dios me haría más pío y sabio ante sus ojos. Pasé atado al poste un tiempo, durante el cual no dejé de entonar el cántico número 9 en loor de mi dios: “Always look on the bright side of life”.   Este no fue el mayor de nuestros problemas. Este llegó a la hora de dar nuestros nombres para el registro dentro de la fortaleza. El primero en entrar fue Calvin que, sin problemas, rellenó el cuestionario del funcionario de turno. 

-         Nombre: Calvin Muerdescudos.-         ¿Qué viene a hacer aquí?: a descansar y restañar nuestras heridas.-         ¿Trae algún bien comerciable?: No.-         ¿Cuál es el nombre de sus compañeros?: Zebulón (un servidor), David Upsala (el gnomo mago de batalla), Juanito (el ladrón sordo), Iliana (la elfo de buen ver) y Arin (semielfo druida rastafari). El siguiente fue otro gnomo titán. Todo fue bien hasta que le hicieron la primera pregunta: 

-         ¿Nombre?: Martín Protector. El problema se agravó cuando el resto de los componentes dijeron que se llamaba David Upsala. Esto mosqueó demasiado a los funcionarios que arrestaron a David/Martín Upsala/Protector. Casualmente encontraron la hoja de delitos de un tal David Upsala que estaba acusado de falsificación a gran escala. Esto suponía la perdición para nuestro dudoso compañero que fue juzgado y condenado a 2 años de cárcel o al pago de 582 monedas de oro. Prefirió, evidentemente, esta segunda opción para lo cual le confiscaron el libro de conjuros. Desde entonces, y sin saber porqué, las miradas que nos echaba eran de todo menos amistosas. ¿Por qué nos mentiste Martín, si es que ese es tu verdadero nombre? 

Tras ser liberado nos alojamos en el perro quemado, una posada carera que nos cobraba a precio de oro el alojamiento. Tras recopilar algunos rumores decidimos encaminarnos hacia las Minas del Caos donde, supuestamente, se podían encontrar multitud de orcos cuyas orejas eran bien pagadas como trofeos. Tras comprar los pertrechos necesarios nos encaminamos hacia allí. La noche se nos echó encima y tuvimos que pasarla en la casa de guardia deshabitada. Juro por Thor que aquella vez el aspecto era bien distinto. Tras pasar allí la noche y comprobar que Calvin se había quedado dormido en su guardia nos encaminamos hacia nuestro destino. Llegamos al río y subimos su curso por la ribera. Al cabo de un tiempo encontramos un cuerpo de orco totalmente destrozado. Mientras observábamos esto nos dimos cuenta de que había sido atacado por una gran bestia. En ese momento un movimiento en los arbustos atrajo nuestra atención. Con un rugido un gran buhoso de grandes cuernos cargó contra nosotros. Siguiendo las indicaciones de Calvin nos movimos para atacarle por todos lados. David/Martín demostró ser de confianza puesto que se puso delante de la bestia y la acuchilló a conciencia. Esto mosqueó sobremanera al bicho que le propinó un zarpazo que lo mandó a cierta distancia. A petición de Calvin me retiré con cuidado para socorrer al compañero caído. La bestia no duró demasiado y feneció presa de nuestros mandobles.  Habíamos tenido nuestro primer enfrentamiento después de los ogros y no habíamos salido tan mal parados. Eso si, la tragedia se mascó, y rondó sobre la cabeza de Martín. Menos mal que pasó de largo. 

Lo dejo aquí, querido lector. He de recolocar por orden alfabético los discos mágicos musicales.

13 comentarios »

  1. ¿El buhoso rugio? No me enteré. Que hostías repartía el hijoputa, casi me entierra.

    ¿Cuando comemos? Aún tengo castañas.

    comentario por Juanito Golosinas — Octubre 16, 2006 @ 2:42 pm

  2. Rugió el hideputa. Y la leche que le pego a Martín, si es que ese es su verdadero nombre, casi le pone en órbita.

    comentario por LittleBob — Octubre 16, 2006 @ 3:17 pm

  3. ¡Josdeputa! ¡Vereis cuando recupere mi libro de conjuros! ¡No os reireis tanto entonces!

    ¡¡¡ME LLAMO MARTÍN!!!

    comentario por MARTÍN PROTECTOR — Octubre 16, 2006 @ 6:02 pm

  4. Propongo que siempre que se haga referencia a “Martín” se entrecomille, por si las moscas.
    Perdón por estar tan ausente, a veces tengo bajones y es como si no estuviese, pero después de esta pelea se me ha subido el ánimo =)
    Aunque sigo pensando que moriremos tarde o temprano…

    comentario por Illyana Oakleaf — Octubre 16, 2006 @ 8:27 pm

  5. Todo el mundo tiene que morir, más tarde o más temprano.

    comentario por juanito golosinas — Octubre 16, 2006 @ 10:56 pm

  6. Que triste… snif
    Life is so cruel…

    (Pero que te apuestas a que nosotros lo hacemos antes, eh?)

    comentario por Illyana Oakleaf — Octubre 17, 2006 @ 1:12 am

  7. Tuviste un bajón de moral, maese Zherta?. No te cabrees “Martín”. Un despiste, a la hora de comunicar el cambio de nombre lo tiene cualquier :P .

    comentario por LittleBob — Octubre 17, 2006 @ 8:34 am

  8. (ahora que no nos oye, no me fío mucho de David… nunca he sabido muy bien qué me llevó a acompañarle a esa torre, y de la noche anterior sólo recuerdo una cosa: “guapamente te lo traigo nianoniano, guapamente te lo traigo nianoniano!”)

    comentario por Alvin — Octubre 17, 2006 @ 11:50 am

  9. Yo no, leches, el personaje xD Era para justificar su “ausencia” ;P
    Es que es depresiva la niña ;P

    comentario por Zhertarus — Octubre 17, 2006 @ 12:11 pm

  10. Tenemos a una niña depresiva, a un tío “sospechoso” y a otro que ha adquirido la personalidad de su primo Alvin a parte de la suya: CALVIN.

    ¡Aquí el único normal es Zebulón, oiga!

    comentario por LittleBob — Octubre 18, 2006 @ 8:18 am

  11. Me parece que hay un gnomo titán que está acumulando mucho rencor hacia otro.

    comentario por MARTÍN PROTECTOR — Octubre 18, 2006 @ 11:34 pm

  12. ¿Quereís mirarme cuando habléis cojones?

    comentario por Juanito Golosina — Octubre 19, 2006 @ 12:23 pm

  13. (/mira a Juanito)

    NO-TE-PRE-O-CU-PES-NO-ES-TAN-HA-BLAN-DO-DE-TI

    (/deja de mirar a juanito)

    comentario por Calvin Muerdeescudos — Octubre 19, 2006 @ 2:24 pm


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