-Bueno, pequeño, y ahora a dormir- Dijo una fina voz élfica.
-¡Mami! ¡Mami! ¡Cuéntame un cuento! – Gritaba el pequeño asomando la cabeza entre la enorme cantidad de sábanas – Sigue contándome la historia de la tita Illyana, porfi.
Soltando un imperceptible suspiro la elfa se giró y arropó al pequeño, que con sus movimientos bruscos había dejado la mitad de las sábanas a medio camino del suelo, dejando ver un diminuto pie entre ellas que se movia ansioso.
- Está bien, pequeño Arael, te seguiré contando la historia de las Minas del Caos- Contestó.- Déjame recordar… Mmmmm… ¿Por dónde iba?
- ¡Estaban entrando en la caverna de los covolos!
- Koboldos.
- Koboldos. Sí, eso. Los Hijos del Trueno… mami, ¿por qué se llamaban “Los Hijos del Truno”? Tita Illyana es una niña.
La mujer repitió el suspiro materno.
- Cosas de enanos, querido, cosas de enanos y gente bajita.
- ¿Esa gente gruñona, preligrosa, que les encanta pelearse y gritar? ¡Los tipos que huelen a cerveza y sólo dicen palabras feas?
-Mmmmm…

-Mmmm….


-Sí, ésos.
(silencio)
-Bueno, como te decía, iba tu tía con sus amigos (incluído Arin, ese elfo tan raro que no le gustaba a tu abuelo y con el que se fue tu tía de casa) por la guarida. Juanito Golosina iba en cabeza, buscando alguna trampa con su olfato de ladrón cuando de repente ¡CHAN!
-¡AAAAAAH! – Gritó el niño escondiéndose bajo las sábanas.
- Cariño, tranquilo, es sólo un cuento- dijo tranquilizadoramente- Decía… cuando de repente ¡CHAN! ¡Unos barrotes cayeron del techo atravesando la pierna del pobre Juanito! La alarma saltó entre la compañía y tras varios intentos liberaron al mediano. Desgraciadamente, al bravo gnomo titán le dio un…
-¡Tirón! Jiji, eso me lo sé.
- Pues si ya te lo sabes cuéntame como sigue- contestó con una mueca graciosa y exagerada- ¿Te acuerdas?
- A ver… al gomo le dio un tirón… cruzaron una puerta y… ¡se encontraron con cientos de koboldos!
- Matemáticamente poco acertado pero sí, muchos koboldos. Pues bien, tu tía y Arin gritarón a todos que retrocediesen al pasillo ¡Eran demasiados para luchar en campo tan abierto! ¡Estarían rodeados en cuestión de segundos! Pero desgraciadamente los koboldos fueron más rápido que el resto de compañeros
Después de una pequeña pausa (había puesto demasiado énfasis en describir la situación) continuó.
- Llovieron jabalinas. El pequeño miembro de la compañía, Bruj, se vio rodeado por las sádicas criaturas. Parecía que laas flechas de tu tía y los golpes de sus compañeros no iban a ser suficientes. Y cuando todo parecía perdido… un koboldo partió el cráneo de Juanito por la mitad.
-Mami, tengo miedo…
-¡Pero si ya sabes como acaba! Además, no temas por los koboldos, nunca podrán llegar a casa. Sólo verás uno si quieres ser aventurero.
-…
- Bien, todo parecía perdido. Juanito muerto, el gomo titán con otro tirón y Bruj apunto de morir. Todo parecía perdido hasta que Bruj, con su último aliento, destripó al último de sus koboldos. Cuando Bruj cayó al suelo junto con el cadáver de su enemigo “Los Hijos del Trueno” se dieron cuenta del castigo que habían inflingido a las sucias criaturas. ¡Ya habían matado a la mitad! Y el líder estaba sin aliento, lleno de sangre y cortes. Los valientes aventureros intercambiaron golpes con los koboldos y mataron a su líder, pero a costa de que el gomo titán también terminase al borde de la muerte, inconsciente en el suelo. ¿Quieres que continúe?
-¡Sí, sí! ¡Por favor!
- Vale, pero tienes que irte a dormir después de esto-dijo- Como decía, sólo quedaban en pie Zebulón, Arin y tu tía, que estaba rodeado por los koboldos. Zebulón cayó también y, aunque Arin mataba los koboldos a pares y tu tía hacía frente a la mayoría, los Hijos del Trueno casi murieron. Y digo casi, ya que quedó Arin en pie, pero sólo él. ¿Que debía hacer? ¡Sus amigos estaban muriendo! ¡No tenía tiempo! ¡Zebulóne era la única esperanza! Rápidamente corrió a sanar usando su contacto con la naturaleza, sacrificando una parte de sí mismo para que sus compañeros sobreviviesen ya que de él dependía la vida de cuatro personas, de cuatro amigos. Así pues, confiando en la madre naturaleza y realizando lo imposible, sanó a Zebulón, quien, al despertar, rápidamente y sin dudar sanó a aquéllos que estaban en las puertas del otro mundo. Y ahí estaban, Zebulón y Arin junto a sus compañeros, aún heridos e inconscientes en una guarida kobolda, así que salieron en busca de un lugar seguro y ahí encontraron a… Bueno, ya es tarde.
- Jooooooo…
- Ni jo ni ja. Mañana tienes de clase de escritura. ¿No querrás echar a perder tus estudios, verdad? Ya sabes, creo que no te gustaría verte ahí afuera, sin un trabajo, siendo atacado por esos horribles y apestosos koboldos.
- No, claro que no- Respondió cabizbajo.
-Bien, cariño, y ahora a dormir- La madre dio un beso de buenas noches al pequeño y lo arropó una vez más- Buenas noches, mi vida, que descanses bien.
La mujer se dirigió hacia la puerta, apagó las velas y la cerró cuidadosamente dejando al niño sepultado bajo mantas en medio de la habitación, ya a oscuras.
- Claro que no…