Knights of the Wheeled Table

Noviembre 28, 2006

PRIMER ACTO (sesión 26-11)

Archivado en: Partidas, Rol — littlebob @ 2:16 pm

Estrofa primeraaah!!

 

Zebulón era su nombreee

Enano, más pequeño que un hombreee,

Pelear, Orar, Curar, Convertir era su oficioo

Y por el camino subía sus características y obtenía beneficiooo.

 

Iliana la bella,

Hija de los Elfos,

Guerrera y estrella

Que a Calvin encandila con sus pechos.

 

Calvin aguerrido guerrero

Gnomo titán

De fuerza descomunal

Siempre atiza primero.

 

Arin el que esta entre dos mundos

La naturaleza es su casa

Su cimitarra nunca descansa

Y sus pies no dejan surco.

 

Bruj, combatiente sin miedo

Enano como Zebulón

Ahora le falta un dedo

Y se está convirtiendo en un gruñón.

 

Estos son nuestros aventureros

Estas son sus andanzas

Fama, experiencia y dineros

Siempre hacen una matanza.

 

Matanza porque mueren enemigos

O quizá muera algún compañero

Ya no desandan el camino

Siempre quieren pegar primero.

 

Los ladinos kobolds les esperan

En el Caos que son las Minas

Sus garras les cortan como a cera

Pero ellos no se desaniman

 

Estos kobols son como Logan

Sus garras son mortales

No se cómo lo logran

Pero les dan toyinas a raudales.

 

Tantos son los enemigos

Tanos son los palos

Tantos los tajos recibidos

Son como muñecos de trapo.

 

Se hace necesaria una retirada

Grita Zebulón el líder

Salieron de forma ordenada

En busca de un claro libre

 

Los koboldos no les dejan

Van tras ellos pisándole los talones

Son como comadrejas

Que no dejan de tocar los co…ones.

 

Por fin consiguen descansar

Sus heridas son sanadas

Tienen tiempo de pensar

Y de planear la siguiente jugada.

 

A por los kobolds se encaminan

Llegando cerca de un claro

Iliana se precipita

Al fondo de un hoyo excavado.

 

Estacas muerden su piel

Su boca grita un “osea, me duele!!”

Zebulón después la dejará bien

Cuando ningún kobold quede.

 

Los malditos están escondidos

Debajo de una plataforma

Jabalinas tienen los muy bravidos

Y se las lanzan de cualquier forma.

 

Nuestros aventureros encima se suben

Esperando a que salgan los enemigos

Espalda contra espalda se cubren

Expectantes, en vilo.

 

Asoman la cabeza las criaturas

Bajan raudos los filos

Provocando heridas sin cura

Y mandándolos al olvido.

 

Consiguen dar cuenta de todos ellos

Con mayor o menor fortuna

Quedan con vida tres leguleyos

Bruj les quiere dar medicina dura.

 

Al final les da el pasaporte

Con garrote y con espada

Zebulón cura a Iliana de los cortes

Y la deja bien sana.

 

Aquí termina este acto

Pues sus aventuras no han terminado

Ahora me envolveré en mi manto

Pues hace un frío los huevos me han helado.

 

Axel Rocks, bardo, galán y aventurero enano.

Noviembre 25, 2006

Cuentos para niños

Archivado en: KOWT, Rol — zhertarus @ 10:10 pm

-Bueno, pequeño, y ahora a dormir- Dijo una fina voz élfica.

-¡Mami! ¡Mami! ¡Cuéntame un cuento! – Gritaba el pequeño asomando la cabeza entre la enorme cantidad de sábanas – Sigue contándome la historia de la tita Illyana, porfi.

Soltando un imperceptible suspiro la elfa se giró y arropó al pequeño, que con sus movimientos bruscos había dejado la mitad de las sábanas a medio camino del suelo, dejando ver un diminuto pie entre ellas que se movia ansioso.

- Está bien, pequeño Arael, te seguiré contando la historia de las Minas del Caos- Contestó.- Déjame recordar… Mmmmm… ¿Por dónde iba?

- ¡Estaban entrando en la caverna de los covolos!

- Koboldos.

- Koboldos. Sí, eso. Los Hijos del Trueno… mami, ¿por qué se llamaban “Los Hijos del Truno”? Tita Illyana es una niña.

La mujer repitió el suspiro materno.

- Cosas de enanos, querido, cosas de enanos y gente bajita.

- ¿Esa gente gruñona, preligrosa, que les encanta pelearse y gritar? ¡Los tipos que huelen a cerveza y sólo dicen palabras feas?

-Mmmmm…

-Mmmm….

-Sí, ésos.

(silencio)

-Bueno, como te decía, iba tu tía con sus amigos (incluído Arin, ese elfo tan raro que no le gustaba a tu abuelo y con el que se fue tu tía de casa) por la guarida. Juanito Golosina iba en cabeza, buscando alguna trampa con su olfato de ladrón cuando de repente ¡CHAN!

-¡AAAAAAH! – Gritó el niño escondiéndose bajo las sábanas.

- Cariño, tranquilo, es sólo un cuento- dijo tranquilizadoramente- Decía… cuando de repente ¡CHAN! ¡Unos barrotes cayeron del techo atravesando la pierna del pobre Juanito! La alarma saltó entre la compañía y tras varios intentos liberaron al mediano. Desgraciadamente, al bravo gnomo titán le dio un…

-¡Tirón! Jiji, eso me lo sé.

- Pues si ya te lo sabes cuéntame como sigue- contestó con una mueca graciosa y exagerada- ¿Te acuerdas?

- A ver… al gomo le dio un tirón… cruzaron una puerta y… ¡se encontraron con cientos de koboldos!

- Matemáticamente poco acertado pero sí, muchos koboldos. Pues bien, tu tía y Arin gritarón a todos que retrocediesen al pasillo ¡Eran demasiados para luchar en campo tan abierto! ¡Estarían rodeados en cuestión de segundos! Pero desgraciadamente los koboldos fueron más rápido que el resto de compañeros

Después de una pequeña pausa (había puesto demasiado énfasis en describir la situación) continuó.

- Llovieron jabalinas. El pequeño miembro de la compañía, Bruj, se vio rodeado por las sádicas criaturas. Parecía que laas flechas de tu tía y los golpes de sus compañeros no iban a ser suficientes. Y cuando todo parecía perdido… un koboldo partió el cráneo de Juanito por la mitad.

-Mami, tengo miedo…

-¡Pero si ya sabes como acaba! Además, no temas por los koboldos, nunca podrán llegar a casa. Sólo verás uno si quieres ser aventurero.

-…

- Bien, todo parecía perdido. Juanito muerto, el gomo titán con otro tirón y Bruj apunto de morir. Todo parecía perdido hasta que Bruj, con su último aliento, destripó al último de sus koboldos. Cuando Bruj cayó al suelo junto con el cadáver de su enemigo “Los Hijos del Trueno” se dieron cuenta del castigo que habían inflingido a las sucias criaturas. ¡Ya habían matado a la mitad! Y el líder estaba sin aliento, lleno de sangre y cortes. Los valientes aventureros intercambiaron golpes con los koboldos y mataron a su líder, pero a costa de que el gomo titán también terminase al borde de la muerte, inconsciente en el suelo. ¿Quieres que continúe?

-¡Sí, sí! ¡Por favor!

- Vale, pero tienes que irte a dormir después de esto-dijo- Como decía, sólo quedaban en pie Zebulón, Arin y tu tía, que estaba rodeado por los koboldos. Zebulón cayó también y, aunque Arin mataba los koboldos a pares y tu tía hacía frente a la mayoría, los Hijos del Trueno casi murieron. Y digo casi, ya que quedó Arin en pie, pero sólo él. ¿Que debía hacer? ¡Sus amigos estaban muriendo! ¡No tenía tiempo! ¡Zebulóne era la única esperanza! Rápidamente corrió a sanar usando su contacto con la naturaleza, sacrificando una parte de sí mismo para que sus compañeros sobreviviesen ya que de él dependía la vida de cuatro personas, de cuatro amigos. Así pues, confiando en la madre naturaleza y realizando lo imposible, sanó a Zebulón, quien, al despertar, rápidamente y sin dudar sanó a aquéllos que estaban en las puertas del otro mundo. Y ahí estaban, Zebulón y Arin junto a sus compañeros, aún heridos e inconscientes en una guarida kobolda, así que salieron en busca de un lugar seguro y ahí encontraron a… Bueno, ya es tarde.

- Jooooooo…

- Ni jo ni ja. Mañana tienes de clase de escritura. ¿No querrás echar a perder tus estudios, verdad? Ya sabes, creo que no te gustaría verte ahí afuera, sin un trabajo, siendo atacado por esos horribles y apestosos koboldos.

- No, claro que no- Respondió cabizbajo.

-Bien, cariño, y ahora a dormir- La madre dio un beso de buenas noches al pequeño y lo arropó una vez más- Buenas noches, mi vida, que descanses bien.

La mujer se dirigió hacia la puerta, apagó las velas y la cerró cuidadosamente dejando al niño sepultado bajo mantas en medio de la habitación, ya a oscuras.

- Claro que no…

Noviembre 22, 2006

En el filo de la espada

Archivado en: Partidas, Rol — E-DWARF @ 7:15 pm

Hola;

Hace ya varios meses desde que nos separamos, cada uno siguiendo su camino. Tu partiste hacia el Norte y yo hacia el Sur, ambos en busca de aventuras: nuestros sueños e ilusiones en el filo de la espada.

Cada vez que me acuerdo de nuestras primeras aventuras y excursiones por el bosque próximo a la aldea, me vienes a la mente y no puedo dejar de preguntarme si estarás bien o si por el contrario yaces en medio de alguna cueva o en el estómago de algún monstruo. La vida del aventurero es dura y peligrosa.

Aún no entiendo bien por qué cada uno partimos en una dirección distinta, buscando separados lo que no pudimos encontrar unidos. Pero, al mismo tiempo, con la promesa de reunirnos de nuevo y de escribirnos regularmente. Hoy, me he armado de pluma y papel para empezar a escribir esta carta, para hacer honor a nuestra promesa y mantenerte informado de mis progresos.

¿Recuerdas el burro viejo que mi padre me regaló cuando dejamos la aldea y la alabarda que me recomendó vender en cuanto llegaramos a una gran ciudad? Bien, pues el burro se largó con la alabarda y no los he vuelto a ver. No lo entiendo… la alabarda estaba bien clavada al suelo y bien atada al burro.

Afortunadamente llevaba la armadura de cuero que me arregló mi madre en las alforjas y por suerte ya había descargado a “Nacho” de todo el peso y no se la llevó.

Pero me estoy yendo por las ramas y dudo mucho que te interese especialmente saber de “Nacho”. Te diré que después de perder al burro, tras varios dias de andar, me encontré perdido y sin rumbo. Me hayaba en una zona boscosa con arbustos altos y no sabía siquiera por donde había venido. Seguí andando y escuché gritos y el familiar ruido de las armas al golpear sobre carne y armaduras. Me apresuré en dirección al ruido y me escondí. Varios koboldos atacaban a un grupo aventurero (¿Cómo lo sé? En ningún otro tipo de grupo se encuentras enanos, gnomos, elfos, medianos y semielfos y no se están matando entre sí).

Tras la pelea, que se decidió a favor del grupo aventurero, decidí presentarme y ver si podiamos compartir fuego y comida como buenos aventureros. Aceptaron rápidamente (casi demasiado) y nos sentamos a cenar, compartir aventuras y a hablar de negocios.

Ellos necesitaban un miembro nuevo para su grupo, pues recientemente habían perdido al mago de batalla al dar un ligero traspies al escalar un acantilado. Tras pensarlo un momento acepté y actualmente ya soy miembro de los Hijos del Trueno, como me explicó Zebulón, el sacerdote que llevan con ellos, en honor al Poderoso dios Thor (el pequeño Calvin tiene otra versión sobre el origen del nombre).

Al parecer la zona donde me encuentro ahora es conocida como Las Minas del Caos y está dando serios problemas a la población más próxima: la Fortaleza de Frandor.

Pues bien, rápidamente nos dirijimos hacia la mina más próxima y tras superar la típica trampa de rastrillo (en la cuál nuestro pequeño nomo titán se fastidió la espalda, como le pasaba a mi padre cuando levantaba las pepitas de oro de 400lb de la mina, ya le hedicho a Calvin que tiene que calentar un poco antes de acer esfuerzos) llegamos a una puerta.

Como aguerridos aventureros que somos la cruzamos rápidamente y sin dudar un instante. Al otro lado habia una sala con caras monstruosas talladas en la parded. Tras unos momentos de mirarlas detenidamente, escuché varios silvidos y otra vez voces de kobolds seguidos de un agudo dolor en el estómago. Tenía una jabalina clavada.

Se me abalanzaron encima más de 10 kobolds, aunque por suerte llevaba la lanza en la mano y en cuanto pude reaccionar comencé a pincharlos, pero eran demasiados para una lanza y en cuanto la clavé en alguno desenvainé la espada. Comencé a realizar golpes de barrido mientras ellos seguían arañando mi armadura y, en ocasiones, mi carne. No te miento si te digo que lo pasé mal. Eran demasiados para realizar una defensa organizada y nos pillaron completamente por sorpresa. Uno de los malditos koboldos se llevó mi pulgar de la mano izquierda aunque tuve tiempo de rebanarle el brazo antes de perder la conciencia.

… Continuará …

Brug “Wein”

Noviembre 21, 2006

QUERIDO THOR…

Archivado en: Rol — littlebob @ 4:47 pm

La imagen muestra un grupo de seres acampados cerca de un fuego. Las figuras parecen estar convalecientes ya que adoptan posturas en las que se hace entrever que sufren más de un dolor. La imagen cambia hacia una figura achaparrada que se aparta un poquito del grupo sin salir de la luz de la hoguera, se arrodilla y levantando las manos se pone a murmurar algo… Acerquémonos sigilosamente para saber qué es lo que dice:

Grandioso Thor, se que sólo me acuerdo de ti para pedirte tus dones, que tengo algo descuidado el tema de convertir a estos descreídos a tu religión y que no digo demasiado a menudo tu nombre en alto pero es que, últimamente, no tengo tiempo ni de aliviarme los picores. Mis compañeros y yo, que formamos, como bien sabes, la compañía aventurera de Los Hijos del Trueno – ¿mola el nombre, eh?- no ganamos para sustos. No salimos de una donde a punto estar de morir alguien, o alguien muere, para entrar en otra en donde corremos un peligro mayor que el precedente.

Sin ir más lejos, Grandioso Thor, hace pocas horas hemos escapado por los pelos, a pesar de perder a nuestro compañero Juanito –me caída bien el mediano, vive Thor- de las garras de una jauría de kobolds. Me ha sorprendido, Oh Divino, la actitud desinteresada que ha tenido la criatura híbrida conocida como Arin. Todos me decían que cualquier descendiente de los elfos tenía una actitud altiva e interesada pero, he de reconocer, que su acción sirvió para salvar a los integrantes del grupo. Nuestra intención, al menos la mía, es limpiar toda esta zona de malévolas criaturas y fieras que, a buen seguro, ofenden tu mirada y que, por no gastar tu Divina Fuerza, mandas a tus seguros servidores, a la par de fieles y abnegados, en el desempeño de esta tarea.

Se que tienes un gran destino para mí y, por extensión, a mis compañeros. Si es camino a la gloria que sea pronto. En cambio, si es un final grandioso que acabe con nuestros huesos en un ataúd o roídos por las alimañazas de estos lares… Danos algo más de tiempo. No me tengas en cuenta el no impartir tus enseñanzas entre estas gentes. Sabes que me ayudan, sin que ellos lo sepan, a llevar mi misión de forma estóica y arrostrando los mayores peligros.

No te molesto más, Oh Grandioso. Espero que tu servicio de SMS (Servicio de Menesajes de Seguidores) funcione correctamente y no de comunicando… Hasta luego, Oh Divino.

En el nombre del trueno, de las piedras feroces, y del hombre que sale por ella dando voces…

Aaaaamospallá. (prrrrrruuuuuut!! onomatopeya de ventosidad a modo de saludo religioso)

A la atención del Sr. Tadeo Muerdeescudos

Archivado en: Rol — Nrike @ 11:24 am

Padre,

Hace ya casi un año que no recibís nuevas mías, pero te prometo que no había encontrado tiempo. ¿Qué tal está madre? ¿y las yeguas? Yo sigo aventureando por el Mondo, en busca de fama y fortuna. Por cierto, antes de que preguntes, has de saber que encuentro terriblemente útiles tu bardiche y tu armadura acolchada, y siempre que puedo les doy uso, y no has de preocuparte, Escupitajos, nuestra fiel llama de carga, sigue aquí a mi lado mientras te escribo y no se la han comido ningunos ogros como dijiste que le sucedería.

La vida del guerrero es casi tan dura como la imaginaba, pero lo llevo con toda la dignidad de la que soy capaz. Pronto llegarán noticias de mis proezas al pueblo, creeme.

He de contarte que me he juntado con una especie de comuna de otros aventureros (no me llames liberal, padre, es así como lo hacen todos), bajo el nombre de Hijos del Trueno. Nos lidera un enano muy simpático al que todos llamamos Pater por su condición de clérigo, pero que no te confunda su condición de hombre de los Diosos, que mete unas hostias que deja tiritando a los enemigos más valientes. También nos acompañan un bravo enano y un diestro druida de raza bastarda, y hasta hace poco, un simpático ladrón mediano, de extremada habilidad y agudizado ingenio que por fruto de una desgraciada estocada ahora yace frío en el suelo. Además nos acompaña una deliciosa elfa como las de las revistas que nos leías de niños. Creo, padre, que me estoy enamorando. En las largas guardias mientras me caliento las manos sólo pienso en ella, y cuando duermo, yazco intranquilo imaginando sus tersas carnes. Yo hago todo lo posible por que se fije en mí, incluso uso de las maniobras de amar que tu me enseñaste cuando era joven y comenzaban a gustarme las gnomitas, pero todo parece enfurecerla. Creo que mi roto corazón no tendrá consuelo en ella.

Hace poco me sucedió algo extraño que he de contarte. Estando en el mercado de una de las villas de por aquí entré en un bazar antiguo regentado por un hombre de ojos rasgados. En la línea de nuestras costumbres bramé un poderoso eructo para hacerle ver que mi salud era buena, y al hacerlo, como suele suceder, uno de sus baratos espejos reventó. Pues aquello (tan jocoso, por otra parte) no pareció agradarle, y profirió una serie de maldiciones en un idioma que sospecho, no era humanoide, para acabar diciendo “¡siete años de mala suerte para ti y tus camaradas!”. Lo cierto es que en ese momento no sospeché lo profético de sus palabras, pero he de decir que por muy poco no vivimos para demostrarlo, pues la mala fortuna nos sigue a donde vayamos. Hasta ahora habíamos eludido el peligro casi siempre, pero en nuestra última salida (cazando kobolds, como solíamos hacer los niños del pueblo) la elfa casi cae a manos (nunca mejor dicho, pues el condenado luchaba desarmado) de un hideputa sanguinario al que nos costó bajarle los humos. Un poco más adelante, mi maldición se hizo patente cuando en combate destrocé mi escudo y me dio un mal en el cuello (aún ahora te escribo retorcido en mi manta), y poco más adelante, con un espantoso crujido, mi espalda chascó por la base y ya no puedo portar ni la décima parte de lo que portaba antes (¿recuerdas padre cuando de chico llevaba a la abuela y a su mula a cuestas hasta su casa?), y por si fuera poco, en mitad de otro épico combate, mi cinturón decidió humillarme y se rompió, revelando por un momento el secreto de las proporciones nomas.

Desde luego tal avalancha de infortunios sólo puede augurar una cosa. Las fuerzas cósmicas me reservan mucho bien de ahora en adelante. De momento creo haber ahorrado suficiente para pagarme el costoso curso avanzado de Guerrero, y me veo preparado para aprobarlo y si Pangrus quiere, puede que el mes que viene mis compañeros y yo hayamos vertido la sangre de todos los malignos orcos que atemorizan la región, y nuestras alabanzas serán cantadas por bardos y putas todo lo alto y ancho del Mondo. O puede que hayamos encontrado todos el eterno descanso. Sea lo que sea, te escribiré contándotelo.

Dale un abrazo a todos, y dile a Madre que no se preocupe, que nunca combatimos con cosas más grandes que nosotros y que siempre ganamos holgadamente.

                                                                                                                                                Un efusivo abrazo nomo,

                                      Calvin                             

Noviembre 13, 2006

QUERIDO DIARIO (partida del 12-11-06)

Archivado en: Partidas, Rol — littlebob @ 12:43 pm

Querido diario, hoy hemos estado a punto de morir todos. No es que nos hayamos enfrentado a un monstruo de proporciones ciclópeas, no, han sido unos míseros kovoldos los que nos han puesto en jaque. Todo ocurrió al entrar en el valle de las Minas del Caos. Todo estaba cubierto de maleza más alta que un hombre por lo que te podrás imaginar, querido diario, que para mí era como estar en pleno bosque. Según llegamos intentamos encontrar una abertura donde poder pasar una noche tranquila, segura y a resguardo del inminente aguacero que se cernía sobre nosotros.

 

Todo fue de maravilla, Juanito se adelantó seguido por Iliana, para examinar el camino y evitar las posibles trampas, hasta que nos dimos de bruces contra unos kovoldos que estaban tranquilamente haciendo un picnic. Juanito e Iliana se enzarzaron con los humanoides mientras yo corría todo lo rápido que estas piernas, que Thor a tenido a bien darme, me permitían. Calvin tuvo un momento de ofuscación y salió corriendo en una dirección que tan sólo él sabía hacia dónde se dirigía. La lucha casi se decanta a favor de nuestros agresores. Iliana estuvo a punto de morir, Juanito peleó lo mejor que pudo. El caso es que al final murieron todos. Llegué casi justo para poder asestar un golpe con Pili.

 

Recorrimos la maleza en busca de un sitio donde pasar la noche. De nuevo hicimos las cosas bien. Tan sólo hubo un pero: el micro-dios Murphy hizo acto de presencia y los kovoldos volvieron a por nosotros. Esta vez eran menos. Calvin e Iliana se enfrentaron a ellos lo mejor que pudieron. Thor me arrullaba al oído y no pude escuchar la refriega hasta ya entrada en armas. Juanito, aquejado de su dolencia, no se enteró de nada. Uno de los kovolds consiguió huir antes de poder dar cuenta de él. El que se quedó calló presa de nuestras armas no sin antes dejar maltrecho a Calvin. De repente la maleza se agitó con una multitud de gritos kovoldianos. ¡Venían los refuerzos!. Hicimos una retirada estratégica del lugar con la intención de restañar nuestras heridas y poder urdir un plan con el que contrarrestar las arteras maniobras de estas alimañas. En nuestra huida Iliana se precipitó en una trampa colocada por estas pérfidas criaturas. Thor me dio lucidez, fuerza y determinación y me descolgué con la cuerda que sujetaba Calvin para recuperar a nuestra camarada. Le impuse las manos de forma casta y pura – querido diario, esta hija de los altos elfos está de muy buen ver y he de hacer un esfuerzo para que mi voluntad no ceda como lo hace el camarada Calvin- y sané lo mejor que pude sus heridas arrebatándola de las garras de la muerte.

 

Buscamos otro sitio donde pasar la noche, más protegido, resguardado entre la maleza. En esta ocasión no ocurrió nada, a pesar de que el que estaba de guardia sucumbió a los efectos del sueño. No tengo ganas de abroncar a nadie, querido diario. El desánimo está haciendo mella en mí. El goteo de muertes dentro de la compañía está pesando sobre mi como una losa de astrografito.

 

Después de pasar todo el día restañando nuestras heridas y de pasar la noche sin incidentes, nos pusimos en movimiento buscando una entrada a las cuevas. No ganamos para sorpresas, querido diario. Desde debajo de lo que parecía una fortificación a ras de suelo nos alancearon un par de kovoldos que nos estaban esperando. Con seguimos ponerlos en fuga e invadir la fortificación. Nuestros agresores salieron corriendo por una portezuela redonda. Juanito inspeccionó la puerta por si había alguna trampa. No parecía que hubiera ninguna. Calvin, con su hercúlea fuerza, intentó abrir la puerta pero al final la forzó haciéndola saltar de sus goznes. Pero, como no todo el monte es orégano, detrás de la puerta había una trampa por la que cayó Calvin.

 

Aquí lo dejo por hoy. Querido diario, nos están dando estopa en cada recodo del camino y no gano para disgustos… Esto seguro que es una prueba a la que Thor me somete. Espero ser merecedor de superarla. En caso de no serlo espero dejar este mondo con una montaña de enemigos caídos a mis pies.

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