Knights of the Wheeled Table

junio 7, 2007

Chronia ke chronia

Filed under: Uncategorized — Nrike @ 11:29 pm

Zherta  (/love ‘bebé murloc’)

y Bob (en modo Stealth)

Mañana de aburrimiento y papel en sucio. Escáner, Photoshop y voilá, tengo a dos amigos contentos.

Ahora lo que tengo es que reunir fuerzas y completar el post con los demás KOWT… Cuando acabe los exámenes, supongo…

PS: Empiezo a darme cuenta que somos un poco enfermos del WoW…

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noviembre 28, 2006

PRIMER ACTO (sesión 26-11)

Filed under: Partidas,Rol — littlebob @ 2:16 pm

Estrofa primeraaah!!

 

Zebulón era su nombreee

Enano, más pequeño que un hombreee,

Pelear, Orar, Curar, Convertir era su oficioo

Y por el camino subía sus características y obtenía beneficiooo.

 

Iliana la bella,

Hija de los Elfos,

Guerrera y estrella

Que a Calvin encandila con sus pechos.

 

Calvin aguerrido guerrero

Gnomo titán

De fuerza descomunal

Siempre atiza primero.

 

Arin el que esta entre dos mundos

La naturaleza es su casa

Su cimitarra nunca descansa

Y sus pies no dejan surco.

 

Bruj, combatiente sin miedo

Enano como Zebulón

Ahora le falta un dedo

Y se está convirtiendo en un gruñón.

 

Estos son nuestros aventureros

Estas son sus andanzas

Fama, experiencia y dineros

Siempre hacen una matanza.

 

Matanza porque mueren enemigos

O quizá muera algún compañero

Ya no desandan el camino

Siempre quieren pegar primero.

 

Los ladinos kobolds les esperan

En el Caos que son las Minas

Sus garras les cortan como a cera

Pero ellos no se desaniman

 

Estos kobols son como Logan

Sus garras son mortales

No se cómo lo logran

Pero les dan toyinas a raudales.

 

Tantos son los enemigos

Tanos son los palos

Tantos los tajos recibidos

Son como muñecos de trapo.

 

Se hace necesaria una retirada

Grita Zebulón el líder

Salieron de forma ordenada

En busca de un claro libre

 

Los koboldos no les dejan

Van tras ellos pisándole los talones

Son como comadrejas

Que no dejan de tocar los co…ones.

 

Por fin consiguen descansar

Sus heridas son sanadas

Tienen tiempo de pensar

Y de planear la siguiente jugada.

 

A por los kobolds se encaminan

Llegando cerca de un claro

Iliana se precipita

Al fondo de un hoyo excavado.

 

Estacas muerden su piel

Su boca grita un “osea, me duele!!”

Zebulón después la dejará bien

Cuando ningún kobold quede.

 

Los malditos están escondidos

Debajo de una plataforma

Jabalinas tienen los muy bravidos

Y se las lanzan de cualquier forma.

 

Nuestros aventureros encima se suben

Esperando a que salgan los enemigos

Espalda contra espalda se cubren

Expectantes, en vilo.

 

Asoman la cabeza las criaturas

Bajan raudos los filos

Provocando heridas sin cura

Y mandándolos al olvido.

 

Consiguen dar cuenta de todos ellos

Con mayor o menor fortuna

Quedan con vida tres leguleyos

Bruj les quiere dar medicina dura.

 

Al final les da el pasaporte

Con garrote y con espada

Zebulón cura a Iliana de los cortes

Y la deja bien sana.

 

Aquí termina este acto

Pues sus aventuras no han terminado

Ahora me envolveré en mi manto

Pues hace un frío los huevos me han helado.

 

Axel Rocks, bardo, galán y aventurero enano.

noviembre 25, 2006

Cuentos para niños

Filed under: KOWT,Rol — zhertarus @ 10:10 pm

-Bueno, pequeño, y ahora a dormir- Dijo una fina voz élfica.

-¡Mami! ¡Mami! ¡Cuéntame un cuento! – Gritaba el pequeño asomando la cabeza entre la enorme cantidad de sábanas – Sigue contándome la historia de la tita Illyana, porfi.

Soltando un imperceptible suspiro la elfa se giró y arropó al pequeño, que con sus movimientos bruscos había dejado la mitad de las sábanas a medio camino del suelo, dejando ver un diminuto pie entre ellas que se movia ansioso.

– Está bien, pequeño Arael, te seguiré contando la historia de las Minas del Caos- Contestó.- Déjame recordar… Mmmmm… ¿Por dónde iba?

– ¡Estaban entrando en la caverna de los covolos!

– Koboldos.

– Koboldos. Sí, eso. Los Hijos del Trueno… mami, ¿por qué se llamaban “Los Hijos del Truno”? Tita Illyana es una niña.

La mujer repitió el suspiro materno.

– Cosas de enanos, querido, cosas de enanos y gente bajita.

– ¿Esa gente gruñona, preligrosa, que les encanta pelearse y gritar? ¡Los tipos que huelen a cerveza y sólo dicen palabras feas?

-Mmmmm…

-Mmmm….

-Sí, ésos.

(silencio)

-Bueno, como te decía, iba tu tía con sus amigos (incluído Arin, ese elfo tan raro que no le gustaba a tu abuelo y con el que se fue tu tía de casa) por la guarida. Juanito Golosina iba en cabeza, buscando alguna trampa con su olfato de ladrón cuando de repente ¡CHAN!

-¡AAAAAAH! – Gritó el niño escondiéndose bajo las sábanas.

– Cariño, tranquilo, es sólo un cuento- dijo tranquilizadoramente- Decía… cuando de repente ¡CHAN! ¡Unos barrotes cayeron del techo atravesando la pierna del pobre Juanito! La alarma saltó entre la compañía y tras varios intentos liberaron al mediano. Desgraciadamente, al bravo gnomo titán le dio un…

-¡Tirón! Jiji, eso me lo sé.

– Pues si ya te lo sabes cuéntame como sigue- contestó con una mueca graciosa y exagerada- ¿Te acuerdas?

– A ver… al gomo le dio un tirón… cruzaron una puerta y… ¡se encontraron con cientos de koboldos!

– Matemáticamente poco acertado pero sí, muchos koboldos. Pues bien, tu tía y Arin gritarón a todos que retrocediesen al pasillo ¡Eran demasiados para luchar en campo tan abierto! ¡Estarían rodeados en cuestión de segundos! Pero desgraciadamente los koboldos fueron más rápido que el resto de compañeros

Después de una pequeña pausa (había puesto demasiado énfasis en describir la situación) continuó.

– Llovieron jabalinas. El pequeño miembro de la compañía, Bruj, se vio rodeado por las sádicas criaturas. Parecía que laas flechas de tu tía y los golpes de sus compañeros no iban a ser suficientes. Y cuando todo parecía perdido… un koboldo partió el cráneo de Juanito por la mitad.

-Mami, tengo miedo…

-¡Pero si ya sabes como acaba! Además, no temas por los koboldos, nunca podrán llegar a casa. Sólo verás uno si quieres ser aventurero.

-…

– Bien, todo parecía perdido. Juanito muerto, el gomo titán con otro tirón y Bruj apunto de morir. Todo parecía perdido hasta que Bruj, con su último aliento, destripó al último de sus koboldos. Cuando Bruj cayó al suelo junto con el cadáver de su enemigo “Los Hijos del Trueno” se dieron cuenta del castigo que habían inflingido a las sucias criaturas. ¡Ya habían matado a la mitad! Y el líder estaba sin aliento, lleno de sangre y cortes. Los valientes aventureros intercambiaron golpes con los koboldos y mataron a su líder, pero a costa de que el gomo titán también terminase al borde de la muerte, inconsciente en el suelo. ¿Quieres que continúe?

-¡Sí, sí! ¡Por favor!

– Vale, pero tienes que irte a dormir después de esto-dijo- Como decía, sólo quedaban en pie Zebulón, Arin y tu tía, que estaba rodeado por los koboldos. Zebulón cayó también y, aunque Arin mataba los koboldos a pares y tu tía hacía frente a la mayoría, los Hijos del Trueno casi murieron. Y digo casi, ya que quedó Arin en pie, pero sólo él. ¿Que debía hacer? ¡Sus amigos estaban muriendo! ¡No tenía tiempo! ¡Zebulóne era la única esperanza! Rápidamente corrió a sanar usando su contacto con la naturaleza, sacrificando una parte de sí mismo para que sus compañeros sobreviviesen ya que de él dependía la vida de cuatro personas, de cuatro amigos. Así pues, confiando en la madre naturaleza y realizando lo imposible, sanó a Zebulón, quien, al despertar, rápidamente y sin dudar sanó a aquéllos que estaban en las puertas del otro mundo. Y ahí estaban, Zebulón y Arin junto a sus compañeros, aún heridos e inconscientes en una guarida kobolda, así que salieron en busca de un lugar seguro y ahí encontraron a… Bueno, ya es tarde.

– Jooooooo…

– Ni jo ni ja. Mañana tienes de clase de escritura. ¿No querrás echar a perder tus estudios, verdad? Ya sabes, creo que no te gustaría verte ahí afuera, sin un trabajo, siendo atacado por esos horribles y apestosos koboldos.

– No, claro que no- Respondió cabizbajo.

-Bien, cariño, y ahora a dormir- La madre dio un beso de buenas noches al pequeño y lo arropó una vez más- Buenas noches, mi vida, que descanses bien.

La mujer se dirigió hacia la puerta, apagó las velas y la cerró cuidadosamente dejando al niño sepultado bajo mantas en medio de la habitación, ya a oscuras.

– Claro que no…

noviembre 22, 2006

En el filo de la espada

Filed under: Partidas,Rol — E-DWARF @ 7:15 pm

Hola;

Hace ya varios meses desde que nos separamos, cada uno siguiendo su camino. Tu partiste hacia el Norte y yo hacia el Sur, ambos en busca de aventuras: nuestros sueños e ilusiones en el filo de la espada.

Cada vez que me acuerdo de nuestras primeras aventuras y excursiones por el bosque próximo a la aldea, me vienes a la mente y no puedo dejar de preguntarme si estarás bien o si por el contrario yaces en medio de alguna cueva o en el estómago de algún monstruo. La vida del aventurero es dura y peligrosa.

Aún no entiendo bien por qué cada uno partimos en una dirección distinta, buscando separados lo que no pudimos encontrar unidos. Pero, al mismo tiempo, con la promesa de reunirnos de nuevo y de escribirnos regularmente. Hoy, me he armado de pluma y papel para empezar a escribir esta carta, para hacer honor a nuestra promesa y mantenerte informado de mis progresos.

¿Recuerdas el burro viejo que mi padre me regaló cuando dejamos la aldea y la alabarda que me recomendó vender en cuanto llegaramos a una gran ciudad? Bien, pues el burro se largó con la alabarda y no los he vuelto a ver. No lo entiendo… la alabarda estaba bien clavada al suelo y bien atada al burro.

Afortunadamente llevaba la armadura de cuero que me arregló mi madre en las alforjas y por suerte ya había descargado a “Nacho” de todo el peso y no se la llevó.

Pero me estoy yendo por las ramas y dudo mucho que te interese especialmente saber de “Nacho”. Te diré que después de perder al burro, tras varios dias de andar, me encontré perdido y sin rumbo. Me hayaba en una zona boscosa con arbustos altos y no sabía siquiera por donde había venido. Seguí andando y escuché gritos y el familiar ruido de las armas al golpear sobre carne y armaduras. Me apresuré en dirección al ruido y me escondí. Varios koboldos atacaban a un grupo aventurero (¿Cómo lo sé? En ningún otro tipo de grupo se encuentras enanos, gnomos, elfos, medianos y semielfos y no se están matando entre sí).

Tras la pelea, que se decidió a favor del grupo aventurero, decidí presentarme y ver si podiamos compartir fuego y comida como buenos aventureros. Aceptaron rápidamente (casi demasiado) y nos sentamos a cenar, compartir aventuras y a hablar de negocios.

Ellos necesitaban un miembro nuevo para su grupo, pues recientemente habían perdido al mago de batalla al dar un ligero traspies al escalar un acantilado. Tras pensarlo un momento acepté y actualmente ya soy miembro de los Hijos del Trueno, como me explicó Zebulón, el sacerdote que llevan con ellos, en honor al Poderoso dios Thor (el pequeño Calvin tiene otra versión sobre el origen del nombre).

Al parecer la zona donde me encuentro ahora es conocida como Las Minas del Caos y está dando serios problemas a la población más próxima: la Fortaleza de Frandor.

Pues bien, rápidamente nos dirijimos hacia la mina más próxima y tras superar la típica trampa de rastrillo (en la cuál nuestro pequeño nomo titán se fastidió la espalda, como le pasaba a mi padre cuando levantaba las pepitas de oro de 400lb de la mina, ya le hedicho a Calvin que tiene que calentar un poco antes de acer esfuerzos) llegamos a una puerta.

Como aguerridos aventureros que somos la cruzamos rápidamente y sin dudar un instante. Al otro lado habia una sala con caras monstruosas talladas en la parded. Tras unos momentos de mirarlas detenidamente, escuché varios silvidos y otra vez voces de kobolds seguidos de un agudo dolor en el estómago. Tenía una jabalina clavada.

Se me abalanzaron encima más de 10 kobolds, aunque por suerte llevaba la lanza en la mano y en cuanto pude reaccionar comencé a pincharlos, pero eran demasiados para una lanza y en cuanto la clavé en alguno desenvainé la espada. Comencé a realizar golpes de barrido mientras ellos seguían arañando mi armadura y, en ocasiones, mi carne. No te miento si te digo que lo pasé mal. Eran demasiados para realizar una defensa organizada y nos pillaron completamente por sorpresa. Uno de los malditos koboldos se llevó mi pulgar de la mano izquierda aunque tuve tiempo de rebanarle el brazo antes de perder la conciencia.

… Continuará …

Brug “Wein”

noviembre 21, 2006

QUERIDO THOR…

Filed under: Rol — littlebob @ 4:47 pm

La imagen muestra un grupo de seres acampados cerca de un fuego. Las figuras parecen estar convalecientes ya que adoptan posturas en las que se hace entrever que sufren más de un dolor. La imagen cambia hacia una figura achaparrada que se aparta un poquito del grupo sin salir de la luz de la hoguera, se arrodilla y levantando las manos se pone a murmurar algo… Acerquémonos sigilosamente para saber qué es lo que dice:

Grandioso Thor, se que sólo me acuerdo de ti para pedirte tus dones, que tengo algo descuidado el tema de convertir a estos descreídos a tu religión y que no digo demasiado a menudo tu nombre en alto pero es que, últimamente, no tengo tiempo ni de aliviarme los picores. Mis compañeros y yo, que formamos, como bien sabes, la compañía aventurera de Los Hijos del Trueno – ¿mola el nombre, eh?- no ganamos para sustos. No salimos de una donde a punto estar de morir alguien, o alguien muere, para entrar en otra en donde corremos un peligro mayor que el precedente.

Sin ir más lejos, Grandioso Thor, hace pocas horas hemos escapado por los pelos, a pesar de perder a nuestro compañero Juanito –me caída bien el mediano, vive Thor- de las garras de una jauría de kobolds. Me ha sorprendido, Oh Divino, la actitud desinteresada que ha tenido la criatura híbrida conocida como Arin. Todos me decían que cualquier descendiente de los elfos tenía una actitud altiva e interesada pero, he de reconocer, que su acción sirvió para salvar a los integrantes del grupo. Nuestra intención, al menos la mía, es limpiar toda esta zona de malévolas criaturas y fieras que, a buen seguro, ofenden tu mirada y que, por no gastar tu Divina Fuerza, mandas a tus seguros servidores, a la par de fieles y abnegados, en el desempeño de esta tarea.

Se que tienes un gran destino para mí y, por extensión, a mis compañeros. Si es camino a la gloria que sea pronto. En cambio, si es un final grandioso que acabe con nuestros huesos en un ataúd o roídos por las alimañazas de estos lares… Danos algo más de tiempo. No me tengas en cuenta el no impartir tus enseñanzas entre estas gentes. Sabes que me ayudan, sin que ellos lo sepan, a llevar mi misión de forma estóica y arrostrando los mayores peligros.

No te molesto más, Oh Grandioso. Espero que tu servicio de SMS (Servicio de Menesajes de Seguidores) funcione correctamente y no de comunicando… Hasta luego, Oh Divino.

En el nombre del trueno, de las piedras feroces, y del hombre que sale por ella dando voces…

Aaaaamospallá. (prrrrrruuuuuut!! onomatopeya de ventosidad a modo de saludo religioso)

A la atención del Sr. Tadeo Muerdeescudos

Filed under: Rol — Nrike @ 11:24 am

Padre,

Hace ya casi un año que no recibís nuevas mías, pero te prometo que no había encontrado tiempo. ¿Qué tal está madre? ¿y las yeguas? Yo sigo aventureando por el Mondo, en busca de fama y fortuna. Por cierto, antes de que preguntes, has de saber que encuentro terriblemente útiles tu bardiche y tu armadura acolchada, y siempre que puedo les doy uso, y no has de preocuparte, Escupitajos, nuestra fiel llama de carga, sigue aquí a mi lado mientras te escribo y no se la han comido ningunos ogros como dijiste que le sucedería.

La vida del guerrero es casi tan dura como la imaginaba, pero lo llevo con toda la dignidad de la que soy capaz. Pronto llegarán noticias de mis proezas al pueblo, creeme.

He de contarte que me he juntado con una especie de comuna de otros aventureros (no me llames liberal, padre, es así como lo hacen todos), bajo el nombre de Hijos del Trueno. Nos lidera un enano muy simpático al que todos llamamos Pater por su condición de clérigo, pero que no te confunda su condición de hombre de los Diosos, que mete unas hostias que deja tiritando a los enemigos más valientes. También nos acompañan un bravo enano y un diestro druida de raza bastarda, y hasta hace poco, un simpático ladrón mediano, de extremada habilidad y agudizado ingenio que por fruto de una desgraciada estocada ahora yace frío en el suelo. Además nos acompaña una deliciosa elfa como las de las revistas que nos leías de niños. Creo, padre, que me estoy enamorando. En las largas guardias mientras me caliento las manos sólo pienso en ella, y cuando duermo, yazco intranquilo imaginando sus tersas carnes. Yo hago todo lo posible por que se fije en mí, incluso uso de las maniobras de amar que tu me enseñaste cuando era joven y comenzaban a gustarme las gnomitas, pero todo parece enfurecerla. Creo que mi roto corazón no tendrá consuelo en ella.

Hace poco me sucedió algo extraño que he de contarte. Estando en el mercado de una de las villas de por aquí entré en un bazar antiguo regentado por un hombre de ojos rasgados. En la línea de nuestras costumbres bramé un poderoso eructo para hacerle ver que mi salud era buena, y al hacerlo, como suele suceder, uno de sus baratos espejos reventó. Pues aquello (tan jocoso, por otra parte) no pareció agradarle, y profirió una serie de maldiciones en un idioma que sospecho, no era humanoide, para acabar diciendo “¡siete años de mala suerte para ti y tus camaradas!”. Lo cierto es que en ese momento no sospeché lo profético de sus palabras, pero he de decir que por muy poco no vivimos para demostrarlo, pues la mala fortuna nos sigue a donde vayamos. Hasta ahora habíamos eludido el peligro casi siempre, pero en nuestra última salida (cazando kobolds, como solíamos hacer los niños del pueblo) la elfa casi cae a manos (nunca mejor dicho, pues el condenado luchaba desarmado) de un hideputa sanguinario al que nos costó bajarle los humos. Un poco más adelante, mi maldición se hizo patente cuando en combate destrocé mi escudo y me dio un mal en el cuello (aún ahora te escribo retorcido en mi manta), y poco más adelante, con un espantoso crujido, mi espalda chascó por la base y ya no puedo portar ni la décima parte de lo que portaba antes (¿recuerdas padre cuando de chico llevaba a la abuela y a su mula a cuestas hasta su casa?), y por si fuera poco, en mitad de otro épico combate, mi cinturón decidió humillarme y se rompió, revelando por un momento el secreto de las proporciones nomas.

Desde luego tal avalancha de infortunios sólo puede augurar una cosa. Las fuerzas cósmicas me reservan mucho bien de ahora en adelante. De momento creo haber ahorrado suficiente para pagarme el costoso curso avanzado de Guerrero, y me veo preparado para aprobarlo y si Pangrus quiere, puede que el mes que viene mis compañeros y yo hayamos vertido la sangre de todos los malignos orcos que atemorizan la región, y nuestras alabanzas serán cantadas por bardos y putas todo lo alto y ancho del Mondo. O puede que hayamos encontrado todos el eterno descanso. Sea lo que sea, te escribiré contándotelo.

Dale un abrazo a todos, y dile a Madre que no se preocupe, que nunca combatimos con cosas más grandes que nosotros y que siempre ganamos holgadamente.

                                                                                                                                                Un efusivo abrazo nomo,

                                      Calvin                             

noviembre 13, 2006

QUERIDO DIARIO (partida del 12-11-06)

Filed under: Partidas,Rol — littlebob @ 12:43 pm

Querido diario, hoy hemos estado a punto de morir todos. No es que nos hayamos enfrentado a un monstruo de proporciones ciclópeas, no, han sido unos míseros kovoldos los que nos han puesto en jaque. Todo ocurrió al entrar en el valle de las Minas del Caos. Todo estaba cubierto de maleza más alta que un hombre por lo que te podrás imaginar, querido diario, que para mí era como estar en pleno bosque. Según llegamos intentamos encontrar una abertura donde poder pasar una noche tranquila, segura y a resguardo del inminente aguacero que se cernía sobre nosotros.

 

Todo fue de maravilla, Juanito se adelantó seguido por Iliana, para examinar el camino y evitar las posibles trampas, hasta que nos dimos de bruces contra unos kovoldos que estaban tranquilamente haciendo un picnic. Juanito e Iliana se enzarzaron con los humanoides mientras yo corría todo lo rápido que estas piernas, que Thor a tenido a bien darme, me permitían. Calvin tuvo un momento de ofuscación y salió corriendo en una dirección que tan sólo él sabía hacia dónde se dirigía. La lucha casi se decanta a favor de nuestros agresores. Iliana estuvo a punto de morir, Juanito peleó lo mejor que pudo. El caso es que al final murieron todos. Llegué casi justo para poder asestar un golpe con Pili.

 

Recorrimos la maleza en busca de un sitio donde pasar la noche. De nuevo hicimos las cosas bien. Tan sólo hubo un pero: el micro-dios Murphy hizo acto de presencia y los kovoldos volvieron a por nosotros. Esta vez eran menos. Calvin e Iliana se enfrentaron a ellos lo mejor que pudieron. Thor me arrullaba al oído y no pude escuchar la refriega hasta ya entrada en armas. Juanito, aquejado de su dolencia, no se enteró de nada. Uno de los kovolds consiguió huir antes de poder dar cuenta de él. El que se quedó calló presa de nuestras armas no sin antes dejar maltrecho a Calvin. De repente la maleza se agitó con una multitud de gritos kovoldianos. ¡Venían los refuerzos!. Hicimos una retirada estratégica del lugar con la intención de restañar nuestras heridas y poder urdir un plan con el que contrarrestar las arteras maniobras de estas alimañas. En nuestra huida Iliana se precipitó en una trampa colocada por estas pérfidas criaturas. Thor me dio lucidez, fuerza y determinación y me descolgué con la cuerda que sujetaba Calvin para recuperar a nuestra camarada. Le impuse las manos de forma casta y pura – querido diario, esta hija de los altos elfos está de muy buen ver y he de hacer un esfuerzo para que mi voluntad no ceda como lo hace el camarada Calvin- y sané lo mejor que pude sus heridas arrebatándola de las garras de la muerte.

 

Buscamos otro sitio donde pasar la noche, más protegido, resguardado entre la maleza. En esta ocasión no ocurrió nada, a pesar de que el que estaba de guardia sucumbió a los efectos del sueño. No tengo ganas de abroncar a nadie, querido diario. El desánimo está haciendo mella en mí. El goteo de muertes dentro de la compañía está pesando sobre mi como una losa de astrografito.

 

Después de pasar todo el día restañando nuestras heridas y de pasar la noche sin incidentes, nos pusimos en movimiento buscando una entrada a las cuevas. No ganamos para sorpresas, querido diario. Desde debajo de lo que parecía una fortificación a ras de suelo nos alancearon un par de kovoldos que nos estaban esperando. Con seguimos ponerlos en fuga e invadir la fortificación. Nuestros agresores salieron corriendo por una portezuela redonda. Juanito inspeccionó la puerta por si había alguna trampa. No parecía que hubiera ninguna. Calvin, con su hercúlea fuerza, intentó abrir la puerta pero al final la forzó haciéndola saltar de sus goznes. Pero, como no todo el monte es orégano, detrás de la puerta había una trampa por la que cayó Calvin.

 

Aquí lo dejo por hoy. Querido diario, nos están dando estopa en cada recodo del camino y no gano para disgustos… Esto seguro que es una prueba a la que Thor me somete. Espero ser merecedor de superarla. En caso de no serlo espero dejar este mondo con una montaña de enemigos caídos a mis pies.

octubre 31, 2006

Vergüenza en la mesa

Filed under: Partidas — earlthane @ 9:19 am

El domingo el grupo se metió sin saber lo que era en la guarida de un cabreajón. Llegaron al chunga chungórun y allí, cuando se disponían a saquear, les sorprendió el bicho. Sorprender es una forma de decirlo, ya que no hubo sorpresa.

El bicho ataca en el 1, saca un 1, se golpea la cabeza, falla la TS y cae inconsciente. Fin del combate.

Un momento, que casi se me olvida.

Que la de ellos fue peor.

Momento estelar de la partida: cruzar un río.

Pero antes…

Cómo descender una pendiente algo escarpada

Ante este problema, el grupo llegó a la conclusión de que… uno a uno. Baja el primero, llega abajo y llama al siguiente. Tiempo de bajar quizá cuatrocientos hackmetros, con una inclinación de eso de quince grados para seis aventureros: siete horas y pico.

El río de la vida muerte

Jamás bravos aventureros se enfrentaron a tamaño peligro para sus vidas como cuando debieron cruzar un enfurecido río de ¿pie y medio de profundidad, si acaso?

Situación: un enano (pequeñito), dos gomos titanes, un mediano, una zorr.. digoooo una teton… digoooo un receptáculo de esp…. digoooo una elfa, y un jipi semielfo. Deben cruzar un río. A los menos altos les llega poco más que por encima de las rodillas. A los demás, por el pecho.

Tienden una cuerda mal anudada y… es el caos.

Va Martin… ¿o quizá es David? y se hunde. Se ata a la cuerda, pero los nudos ceden. Le arrastra la corriente, se golpea contra las rocas, sus compañeros no saben qué hacer. Calvin se ata a una cuerda, se tira al río para rescatar a su compañero y se va al fondo. El jipi le rescata, y Calvin vuelve a tirarse, a irse al fondo y a ser rescatado. Repetir una vez más. La elfa, entretanto, ata una cuerda a una flecha y se plantea rescatar al pobre David/Martín al estilo ballenero (“somos balleneros, somos arponeros, pero como en el río no hay ballenas cantamos canciones“), el New Pater, o Pater New Era, empieza a emular a la elfa, pero en vez de con una flecha, con un martillo de guerra (¡!), Lassie corre junto a la orilla, ladrando como una posesa mientras el pobre Billy es arrastrado por la inmisericorde corriente…

Pero volvamos a Martín/David. El cadavérico -perdón, me adelanto a los acontecimientos. El pobre gomo titán está atorado entre las rocas mientras el agua inunda su pequeño cuerpecín, y sus compañeros ya no saben qué hacer.

Es entonces cuando alguien recuerda preguntar por la profundidad del río y… la elfa entra en el río, caminando, estira la mano, agarra al gomo y lo saca del pescuezo.

Más dura será la caída

Más adelante, toca subir una pared rocosa que, a pesar de los numerosos agarres, raíces, ramas, rocas y huecos para meter dedos y pies, comprende un problema para el Smurfs’ Team, Snowwhite and her Hippie Companion. Aquí, como no quieren repetir la mongolada de la bajada de pendiente, deciden subir todos a una. La elfa da un espectáculo bochornoso al resbalar quizá como cuatro medias docenas de veces y agarrarse a la pared como una ladilla a la entrepierna de un ogro. Juanito, el mediano ladrón sordo, conocido como el Wall Climbing’s Bane, se salva sólo gracias a quedarse sin Honor. Le fue de bien poco. Si no hubiera sido por aquella raíz… Pero el amigo Martín/David… había subido los primeros cien pies de escalada cuando un fatal error de cálculo le hizo soltar al mismo tiempo las dos manos y un pie, con el consiguiente escarceo amoroso con Dama Gravedad. Hizo lo imposible por salvarse, incluyendo gastar un Mulligan para repetir la tirada y volver a pifiar.

Croc.

Los compañeros miraron hacia abajo.

– Deberíamos enterrarle dignamente.

– Hay que bajar para eso, y luego volver a subir.

– Pues ahí que se quede.

Y allá que siguieron, temerarios, corajudos, inmunes al cansancio, el miedo, las reducciones de número en sus filas, entonando la canción guerrera del aventurero:

Al partirle el pecho a un dragón

Me salió la sangre en surtidor

Manchándome pechera,

Yelmo y hasta espaldera…

octubre 16, 2006

Crónica de los KOWT (8/10/06 y 15/10/06). ¿Es ese tu verdadero nombre?. Camino de las Minas del Caos

Filed under: Partidas,Rol — littlebob @ 8:52 am

Te doy la bienvenida de nuevo, amable lector, a mi celda. Estoy seguro que sabrás perdonar el desorden que campea por este reducido espacio en el que habito pero, últimamente, estoy en pleno proceso de redecoración. Siéntate, por favor, que en un momento recomenzaré la historia de esta aguerrida compañía de aventureros a la que tuve el honor de pertenecer.

Como recordarás, nos encontrábamos en medio de la masacre provocada a los ogros en las letrinas de la mazmorra. Alvin había caído víctima de un poderoso hachazo por parte del ogro y nos encontrábamos exhaustos por el esfuerzo. Juanito todavía estaba inconsciente a causa del tremebundo golpe recibido en su hombro. Mientras recuperábamos el resuello pudimos llegar a escuchar unas voces que pedían auxilio. Rápidamente, pero sin bajar la guardia, salimos de la habitación en dirección a las voces con la intención de socorrer a sus dueños y acabar con todo aquello que se pusiera en nuestro camino. Tras recorrer el pasillo todo lo aprisa que mis piernas me permitían, llegamos a las inmediaciones de una puerta que se encontraba entornada. Lentamente la abrí y ante mi se desplegó una gran habitación repleta de comida a medio comer y, en medio, una fogata sobre la que había atados, en un espetón, dos figuras de pequeño tamaño pidiendo ayuda. Rápidamente me acerqué a ellos y con cuidado los liberé.

Tras un momento para recuperar la compostura y el resuello nuestros amigos se presentaron: Calvin Muerdescudos y David Upsala (luego se demostró que este no era su nombre y que se llamaba, realmente, Martín Protector). Tras las pertinentes presentaciones y tras darle la noticia a Calvin de que sus primos habían muerto honorablemente en batalla, esperando los segundos pertinentes para que llorara sobre sus cuerpos presentes, nos dispusimos a recorrer la totalidad de la mazmorra donde moraban los ogros. Según nos contó Calvin, los cuatro ogros a los que habíamos dado muerte eran los únicos habitantes de aquel lugar. También nos contó que había recuperado el conocimiento dentro de la mazmorra y que había escuchado al ogro de la gran hacha, que debía ser el jefe de aquellas criaturas, hablar con una mujer en un tono un tanto poco amistoso. Tras recorrer la mazmorra, localizar una habitación por la que subía una escalera de caracol y comprobar que no había ningún peligro, nos dispusimos a restañar nuestras heridas, llevar a Juanito a la sala donde pasaríamos la noche para que se recuperara y llevar los cuerpos sin vida de los primos Muerdescudos a lugar seguro.

No se cuánto tiempo pasamos en aquel lugar. Lo único que se es que descansé e imploré los dones de Thor para que me permitiera curar a Juanito y a las nuevas incorporaciones de nuestra compañía (Calvin y David/Martín Upsala/Protector). Una vez recuperados nos dispusimos a subir la escalera de caracol camino de la libertad. El ascenso se hizo largo pero, por fin, llegamos a la cima que no era otra que lo alto de una torre azotada por los vientos. Salí de la trampilla en el suelo y arrastrándome para no ser llevado por la ventolera me asomé al borde para ver cómo podíamos bajar de allí. Había dos opciones: bajar por la escalerilla de espaciadísimos peldaños que había en una parte o bajar por la cuerda por el risco del lado contrario. Tras comprobar que bajar por la escalerilla era demasiado arriesgado nos descolgamos por el risco en dirección a un camino que había más abajo. No entrañó demasiada dificultad y, cuando todos estuvimos abajo, nos dispusimos a seguir camino hacia algún lugar civilizado donde descansar.

La noche nos alcanzó, así como un gran aguacero que nos obligó a apartarnos del camino y buscar un refugio evitando que la riada nos llevara con ella. A la mañana siguiente llegamos a lo que parecía un cuerpo de guardia rodeado por la niebla. La luz de un fanal iluminaba los alrededores de la puerta y una voz nos dio el alto. Como líder de la compañía me adelanté y presenté mis respetos a los guardias allí destacados. Amablemente nos invitaron a descansar y tomar un caldito reparador que nos sentó de maravilla. Tras esto proseguimos camino y llegamos a la fortaleza. Allí nos las tuvimos que ver con la guardia de la puerta. Comenté que veníamos de lo alto del camino y que habíamos descansado en la casa de guardia de allá arriba. Esto extrañó sobremanera al guardia ya que nos dijo que aquel lugar se encontraba deshabitado desde la gran incursión orca. Yo le aseguré que nos habíamos encontrado allí a gente armada que nos ofreció cobijo y algo de comer. No tenía porqué mentir. Thor estaba de mi lado y sabía que la verdad nos hace poderosos. Con un gruñido de disgusto guardia me acompañó, junto con un par más de hombres armados, a la caseta de guardia. No llegamos demasiado lejos puesto que los modales de ese caballerete y la forma de dirigirse a un servidor de Thor, es decir a mí, no me gustaron en absoluto. Era uno de esos días en los que uno está en plan guerrillero y que le molesta todo. Y más molestias que la mala educación de un paleto no hay nada.

El cabo me espetó a la cara que más vale que hubiese alguien allí porque le habían sacado de la cama en su día libre para acompañarme. Esto precedido de más de un mal gesto hacia mi persona. Recordé las sabias palabras de Thor que rezan así: “Recuerda que, en todo el Panteón del Mondo, sólo hay un dios que permite que le traten como a una estera. Yo soy grande entre los demás dioses, y tú, por ser adorador mío, eres tan grande como yo entre los mortales. Si te faltan al respeto me faltan a MI al respeto”. Yo no podía permitir que me faltaran al respeto puesto que, por esa misma razón, estaban faltando al respeto a Thor. Así que le comenté que un servidor no tenía la culpa de que le hubieran interrumpido, en su día libre, la labor de peletería que, a buen seguro, estaba haciendo en ese momento en su cama. Minipeletería, seguramente, puesto que tendría que manejar el pellejo con unos palillos para obtener algo de satisfacción. Esto no pareció gustarle y me dijo que me llevaba preso. No me negué. El sufrimiento en nombre de mi dios me haría más pío y sabio ante sus ojos. Pasé atado al poste un tiempo, durante el cual no dejé de entonar el cántico número 9 en loor de mi dios: “Always look on the bright side of life”.   Este no fue el mayor de nuestros problemas. Este llegó a la hora de dar nuestros nombres para el registro dentro de la fortaleza. El primero en entrar fue Calvin que, sin problemas, rellenó el cuestionario del funcionario de turno. 

         Nombre: Calvin Muerdescudos.         ¿Qué viene a hacer aquí?: a descansar y restañar nuestras heridas.         ¿Trae algún bien comerciable?: No.         ¿Cuál es el nombre de sus compañeros?: Zebulón (un servidor), David Upsala (el gnomo mago de batalla), Juanito (el ladrón sordo), Iliana (la elfo de buen ver) y Arin (semielfo druida rastafari). El siguiente fue otro gnomo titán. Todo fue bien hasta que le hicieron la primera pregunta: 

         ¿Nombre?: Martín Protector. El problema se agravó cuando el resto de los componentes dijeron que se llamaba David Upsala. Esto mosqueó demasiado a los funcionarios que arrestaron a David/Martín Upsala/Protector. Casualmente encontraron la hoja de delitos de un tal David Upsala que estaba acusado de falsificación a gran escala. Esto suponía la perdición para nuestro dudoso compañero que fue juzgado y condenado a 2 años de cárcel o al pago de 582 monedas de oro. Prefirió, evidentemente, esta segunda opción para lo cual le confiscaron el libro de conjuros. Desde entonces, y sin saber porqué, las miradas que nos echaba eran de todo menos amistosas. ¿Por qué nos mentiste Martín, si es que ese es tu verdadero nombre? 

Tras ser liberado nos alojamos en el perro quemado, una posada carera que nos cobraba a precio de oro el alojamiento. Tras recopilar algunos rumores decidimos encaminarnos hacia las Minas del Caos donde, supuestamente, se podían encontrar multitud de orcos cuyas orejas eran bien pagadas como trofeos. Tras comprar los pertrechos necesarios nos encaminamos hacia allí. La noche se nos echó encima y tuvimos que pasarla en la casa de guardia deshabitada. Juro por Thor que aquella vez el aspecto era bien distinto. Tras pasar allí la noche y comprobar que Calvin se había quedado dormido en su guardia nos encaminamos hacia nuestro destino. Llegamos al río y subimos su curso por la ribera. Al cabo de un tiempo encontramos un cuerpo de orco totalmente destrozado. Mientras observábamos esto nos dimos cuenta de que había sido atacado por una gran bestia. En ese momento un movimiento en los arbustos atrajo nuestra atención. Con un rugido un gran buhoso de grandes cuernos cargó contra nosotros. Siguiendo las indicaciones de Calvin nos movimos para atacarle por todos lados. David/Martín demostró ser de confianza puesto que se puso delante de la bestia y la acuchilló a conciencia. Esto mosqueó sobremanera al bicho que le propinó un zarpazo que lo mandó a cierta distancia. A petición de Calvin me retiré con cuidado para socorrer al compañero caído. La bestia no duró demasiado y feneció presa de nuestros mandobles.  Habíamos tenido nuestro primer enfrentamiento después de los ogros y no habíamos salido tan mal parados. Eso si, la tragedia se mascó, y rondó sobre la cabeza de Martín. Menos mal que pasó de largo. 

Lo dejo aquí, querido lector. He de recolocar por orden alfabético los discos mágicos musicales.

octubre 2, 2006

El deber del Máster, los sentimientos del jugador

Filed under: Partidas,Uncategorized — earlthane @ 1:56 pm

Ayer, con todo el pesar de mi corazón, cayeron dos valerosos y bravos
gnomos titanes.

Como Máster, me congratulo y alegro de haber cumplido mi deber: los dados quedaron donde cayeron. Y los pejotas también, por lo menos hasta que sus compañeros se los llevaron para los ritos funerarios que se merecían.

Alvin (o Marvin) cayó por las heridas sufridas en combate. A veces la muerte llega cuando menos te lo esperas y un simple roce puede llevarte bajo tierra. Aunque estuvieras en una mazmorra, se entiende lo de “bajo tierra”.

Marvin (o Alvin) feneció heroicamente en el fragor del combate. Llevó lo peor de una lucha desigual y *sucia*. El combate, a veces, no es lugar para el Honor ni las sutilezas de la caballería y la única forma de vencer es apretar los dientes, comerse el marrón y hacer todo lo que se pueda, esperando que sea suficiente.

Se puede decir, en definitiva, que el grupo se cubrió de “gloria”.

Digo, decía, que como Máster estoy orgulloso de haber cumplido y dado muerte a Alvin y a Marvin (o Marvin y Alvin), aunque como jugador y rolero, lamento la pérdida de estos dos jugadores.

La guerra, el combate, los dados no conocen de justicia. Sólo de ecuanimidad e imparcialidad. Así debe ser un Máster.

Crónica de los KOWT (1/10/06). Libertad y Pérdida.

Filed under: Uncategorized — littlebob @ 10:00 am

Bienvenido de nuevo, amable lector, a mi humilde celda. Puedo sentir que estás deseando que prosiga con la historia de este aguerrido grupo de aventureros, conocido como Los Hijos del Trueno. Bendito nombre que, a mis oídos, hace latir de gozo este corazón que eleva sus alabanzas a Thor, grande entre los grandes del Panteón del mondo.

Como podrás recordar, amable lector, nuestros protagonistas, entre los que tuve el privilegio de encontrarme, estaban atrapados en una amplia sala en las profundidades de la caverna, intentando abrir una puerta que se negaba a moverse lo más mínimo, mientras, por el túnel, algo se arrastraba hasta nosotros. Como buenos profesionales nos aprestamos a plantar cara a la misteriosa amenaza. Mi posición estaba junto a los de mis compañeros: Alvin y Marvin, los aguerridos gnomos titanes; Juanito, con un valor cuya grandeza es directamente proporcional a su sordera; Arin, nuevo compañero de aventuras, semielfo él; Iliana, perteneciente a la nación Alto Elfo… Mi cuerpo rejuvenece al recordar a esa criatura, bendito Thor. Pues bien, tras situarnos lo mejor posible para hacer frente a la amenaza en una posición ventajosa, una sombra, más negra que la propia oscuridad, iba tomando forma en el túnel que llegaba hasta nosotros.

Nuestros ojos, tras recuperarse por el deslumbramiento provocado por la antorcha de Juanito, se pusieron como platos al ver aparecer un monstruo viscoso, parecido a una babosa, con tentáculos por extremidades excepto un brazo, que vagamente recordaba a uno humano, que sujetaba un arma. Los primos Muerdescudos, situados en primera línea de batalla empezaron a propinar poderosos mandobles a la criatura. Esta debía estar imbuida por los poderes de algún maligno dios puesto que los poderosos golpes no hacían mella en la criatura. Iliana pudo acertar en la criatura con una de sus flechas, a pesar de estar deslumbrada por la antorcha. Los golpes estaban haciendo mella en el ánimo de nuestro adversario. Parecía que la victoria sería fácil pero, ay, qué amargo puede ser su sabor.

La criatura, alcanzó con uno de sus tentáculos al pobre Marvin antes de perecer bajo los golpes de su primo. Con dificultad pudimos liberarlo del abrazo del tentáculo. Parecía que no había sido nada del otro mundo pero nada más lejos de la realidad. La criatura, al alcanzar a Marvin, le había inoculado un potente veneno que provocaba en sus víctimas una parálisis tal que las llevaba a la muerte al colapsar el sistema respiratorio. A pesar de todos mis esfuerzos para salvar a mi aguerrido compañero contemplé, impotente, cómo moría de asfixia. Mi corazón se entristece al recordarlo, a pesar de que los primos juntos fuesen más dolorosos que un dolor de muelas. Alvin se derrumbó presa de la pena al contemplar a su primo muerto. A pesar de la pena que atenazaba nuestros corazones por la perdida de tan valeroso guerrero y compañero, nos pusimos en marcha para salir de esa maldita caverna. Tras intentar, por enésima vez, abrir la puerta, nos dirigimos al túnel lateral que corría, según mis cálculos, paralelo al que nos encontrábamos, con la intención de encontrar una salida. Grande fue mi decepción al comprobar que el suelo del túnel se interrumpía para dejar paso a un abismo en cuyo fondo se podía escuchar el rumor del agua corriendo. Tras intentar, sin éxito, que Juanito pasara al otro lado atado a una cuerda, me di cuenta de que la única forma de salir estaba en la sala en la que habíamos acabado con el monstruo.

Una vez allí, observé la situación y pedí iluminación y clarividencia a Thor para que me guiara a la resolución de aquel enigma y conseguir salir de allí. Mis ojos se posaron en la pila de cadáveres en avanzado estado de descomposición que se encontraban en el extremo de la sala. Me di cuenta de que no habíamos examinado aquella parte debido a lo maloliente de los cuerpos. Haciendo de tripas corazón me acerqué a los cadáveres y empecé a apartarlos para averiguar qué escondían debajo. Mi sorpresa fue mayúscula al comprobar que, bajo los cuerpos, había un agujero del que emanaba un hediondo olor a heces y putrefacción. No tardé demasiado en darme cuenta de que aquél agujero era una letrina y que esta podría ser, muy a nuestro pesar, la única vía de escape. Alvin se adentró en el agujero con la intención de examinarlo seguido por un servidor sujetando con mi mano la cuerda que serviría de aviso para los compañeros que se quedaban detrás. El olor taladraba nuestras fosas nasales. Con la mano iba siguiendo el techo con la esperanza de encontrar un agujero por el que poder escapar. Al cabo de unos metros pudimos escuchar, claramente, un sonido que recordaba, de forma vaga, el habla de algún ser humanoide. La mano con la que seguía el contorno del techo dejó, en un momento dado, de tocar piedra. Un agujero subía verticalmente y, el hecho de saberlo, llenó de esperanza mi corazón.

Alvin ya había dejado atrás el agujero sin darse cuenta de su existencia. Con un susurro llamé su atención indicándole con la mano la situación de nuestra posible vía de escape. Cautelosamente asomé mi cabeza por la abertura y pude ver, en el otro extremo, un punto de luz. Mi visión fue fugaz puesto que la luz fue tapada por algo y la voz se hizo más audible. Era como si tuviera una urgencia. Thor me avisó de que algo iba a ocurrir y, por temor a ser descubierto, me retiré del agujero. Acción que realicé justo a tiempo de evitar la caída de una ingente cantidad de heces. Lo que hubiera allí arriba estaba defecando y hacía honor a aquel dicho que solíamos decir en el monasterio: “según come el mulo, así caga el culo”. ¡Qué pedazo de mojón que echó, Thor bendito!. No pude evitar que me salpicara puesto que eso no era ni medio normal. Cuando pareció que había terminado esperé a que la voz se alejara. Mi espera fue inútil puesto que, por el agujero, comenzó a caer agua con la intención de llevarse la inmundicia. Yo estaba a salvo pero Alvin, que se encontraba al otro lado del agujero y en pleno curso de la pendiente, se llevó toda la riada de aguas fecales. Eso sí, lo soportó de una forma estoica digna de alabar. Al cabo de un momento el agua dejó de caer y la voz se alejó. Alvin se aupó por el agujero y, con su descomunal fuerza, dobló los barrotes del enrejado que impedía seguir avanzando. La abertura tan sólo podría dejar paso a aquellos que fuesen de menor estatura por lo que se hacía necesario abrir la reja de otra forma. Sencillo: Alvin destrozó el candado que bloqueaba el enrejado.

Tras tirar de la cuerda dos veces, señal acordada que indicaba que se podía entrar sin problemas por el agujero, Iliana se aupó por el agujero seguido de Juanito que iría de avanzadilla con la intención de inspeccionar el terreno. Esta acción, que en un primer momento parecía una brillante idea, nos llevó al desastre, como podrás comprobar en breve. Juanito, aupado sobre Iliana, se disponía a trepar por el agujero cuando, para nuestra sorpresa, la abertura se volvió a tapar. En este caso ya sabíamos, demasiado bien, qué era lo que tapaba el agujero: un enorme trasero cuyo dueño se disponía a soltar su insana carga. La necesidad de no ser detectados, la situación en si y la sordera que aquejaba a Juanito precipitaron los acontecimientos. Juanito sacó su arma y con una potente cuchillada atacó el trasero que impedía que consiguiéramos la libertad. El dueño del trasero profirió un grito de dolor y dejó vía libre para que Juanito se aupara por la abertura. Al asomar la cabeza comprobó que el dueño del trasero no era otro que un enorme ogro que estaba contemplando atónito y con los pantalones bajados a la criatura que le había picado en su culo. Juanito salió del agujero justo a tiempo para enfrentarse al monstruo. Alvin, trepando por Iliana y, para qué mentir, aprovechando para tocar algo de “carne” llegó a la abertura justo a tiempo de ver cómo el ogro le propinaba un tremendo manotazo a Juanito dejándole al borde de la muerte (según nos relató Juanito más tarde el manotazo le recordó a las yoyas que propinaba un luchador profesional que respondía al nombre de Bud SpencEarl). Alvin, entonando un “¡primo, esta va por ti!” se enfrentó al ogro con todo el poder de su espada y su poderoso brazo. La lucha fue rápida y mortal. Alvin acabó con su adversario pero la alegría fue efímera puesto que, por la puerta, aparecieron dos ogros más armados con espada uno y el otro con un mangual de proporciones monstruosas. La batalla comenzó, Alvin e Iliana se enfrentaron al ogro armado con la espada. Un servidor tuvo que enfrentarse con el otro monstruo armado con el mangual no sin antes imponer las manos e implorar los dones de mi dios para poder curar a Juanito.

Las rápidas estocadas de los aventureros se intercalaban con los poderosos golpes de los ogros. Los ogros eran duros de roer puesto que, nuestros golpes, parecían no hacerles mella. Mi adversario, tras fallar la primera tentativa, me asestó un tremendo golpe que me dejó aturdido durante un momento. En ese momento apareció Arin, que se abalanzó sobre mi adversario salvándome, así, de una muerte segura e ignominiosa. Iliana y Alvin se estaban encargando del otro adversario cuando, por la misma puerta, apareció otro ogro de mayores proporciones que sus compañeros y armado de una descomunal hacha de doble filo. Todo hacía pensar que era el jefe y que, con la aparición de este nuevo y formidable adversario, la balanza se decantaría a favor de nuestros enemigos.

Alvin, con un poderoso golpe acabó con su enemigo y tras proferir un grito de triunfo se dirigió al nuevo adversario acompañado de Iliana. Mientras tanto, Arin y yo manteníamos a raya al nuestro enemigo. Thor guió mi mano y Pili, uno de mis martillos de guerra, impactó poderosamente en la cabeza del ogro mandándole al averno del que había salido. Con horror contemplé cómo el hacha del ogro que quedaba bajaba como el rayo e impactaba sobre el pobre Alvin, partiéndole casi en dos y matándole en el acto. Con una mueca de espanto, rabia y desesperación me abalancé sobre mi enemigo y tras un rápido intercambio de golpes logré acabar con él.

Habíamos conseguido salir de los túneles pero el precio que tuvimos que pagar había sido demasiado alto. Dos buenos compañeros, aguerridos guerreros y familiares entre sí habían dejado este mondo para unirse a su dios, Pangrus, y morar en la sala de los héroes.

La congoja que me provoca recordar la pérdida de estos compañeros me impide seguir con el relato, amable lector. Espero que me sepas disculpar y te emplazo a la siguiente entrega de nuestras aventuras. Me voy a la cantina del monasterio a tomar un reconstituyente y aliviar así el peso que hay en mi corazón.

septiembre 25, 2006

Crónicas de los KOWT (25/09/06). Encuentros en la Oscuridad

Filed under: Juegos,Partidas,Rol — littlebob @ 11:53 am

Bienvenido de nuevo, querido lector, a mi humilde celda. Veo en tus ojos que estás deseando que retome el relato de las aventuras de nuestra aguerrida compañía donde lo dejé la última vez. En esta ocasión tendremos la adición de dos nuevos personajes en nuestra historia que, a la postre, serán bastante importantes para todos.

Pues bien, como recordarás, amable lector, me encontraba a la altura de Marvin, en la intersección de los dos túneles que estábamos explorando, debido a que había requerido mi atención de forma urgente. Tras consultarle me indicó que, procedente del túnel que Alvin estaba explorando, había surgido un grito de pánico. Aquí me encontraba en una tesitura enorme pues tenía que elegir entre ir a rescatar al pobre Juanito o ir en busca de Alvin. Tenía que realizar las dos cosas puesto que mi honor no me permitía dejar atrás a ningún compañero. Nos adentramos por el túnel tomando todas las precauciones habidas y por haber buscando cualquier indicio de la existencia de una trampa o mecanismo astutamente oculto. Tras unas decenas de metros y doblar varios recodos nos encontramos con una imagen peculiar: ante mi estaba Alvin, sujetando la antorcha encendida que Juanito portara hasta hace unos instantes, junto a una abertura en el suelo. Todo hacía indicar que Juanito había caído por la abertura precipitándose al vacío.

Tras una rápida valoración de las opciones y tras constatar que no cabía la posibilidad de dejar atrás a un compañero descolgamos a Marvin, que era el más liviano de los tres, por el hueco del agujero atado al extremo de una cuerda. Tras unos instantes se acabó la cuerda, momento en el que sentimos un tirón y, temiendo lo peor, subimos a toda velocidad a Marvin que, tras llegar al borde lo encontramos sujeto cual longaniza de Farzey al extremo de la cuerda. El nudo había fallado. Marvin no había podido ver nada pues el descenso había sido corto. Tras esto Marvin procedió a empalmar las dos cuerdas que teníamos y le volvimos a descolgar por el agujero. Esta vez la distancia recorrida fue mayor. Cuando llegamos al final le pregunté a Marvin si veía algo. Su voz llegaba débil aunque legible y comunicó que había visto dos puntos de luz en el fondo del agujero. Seguro que se trataba de la bestia que había horadado esas galerías. Para nuestra consternación la cuerda dejó de tener peso. Rápidamente subimos la cuerda y nuestros temores se hicieron realidad. En el extremo de la cuerda, donde debía estar Marvin, no había nada. ¡Maldición!. Ahora debía rescatar a dos compañeros antes de proseguir con la exploración de ese nefasto lugar.

Tras una rápida valoración de la situación decidí descolgarme por el hueco atado a la cuerda que Alvin tenía sujeta. El descenso fue corto, pues habíamos desatado las cuerdas. La oscuridad me envolvía. No podía ver nada y menos los dos puntos que Marvin había descrito. Estando en esta situación sentí cómo la cuerda se agitaba bruscamente ascendiendo y descendiendo de forma brusca. Gritando pregunté a Alvin, que se encontraba a la entrada del agujero, qué estaba sucediendo. Por respuesta recibí: “¡Algo está viniendo hacia mí!. ¡ALGO VIENE HACIA MI!”. El terror en la voz de mi compañero era patente por lo que supuse que debía ser algo realmente horrendo y peligroso lo que había provocado ese acceso de pánico en un guerrero tan capaz. Viendo que era imposible subir por la cuerda y que, posiblemente me precipitaría al vacío preferí soltarme, no sin antes coger a Mili, mi martillo de guerra, y la espada que Alvin me había prestado. Con una oración a Thor me precipité al vacío con la certeza de que encontraría la muerte en las afiladas rocas del fondo o sirviendo de comida al monstruo artífice de estos túneles. La caída fue breve y, para mi sorpresa, caí sobre algo elástico y blando que frenó mi caída y evitó que recibiera cualquier lesión o herida. A causa del encontronazo perdí mis armas y con la mano derecha pude tocar la materia que había salvado mi vida…

 No pude detectar la sustancia puesto que, con un alarido, Alvin calló de las alturas huyendo del horror que le perseguía. Al cabo de un momento pude oír la voz de Juanito que, desesperadamente, pedía ayuda. Con más calma palpé la sustancia que me sostenía y con horror pude constatar que se trataba de tela de araña (este bicho ha sido el terror de varios de grupos de aventureros que, a causa de sus picaduras, ha perdido a la mayoría de sus miembros). Con esfuerzo me di la vuelta, poniendome bocabajo y me dirigí hacia Juanito que pedía ayuda desesperadamente ignorante del peligro inherente a las telas de araña (por todos es bien sabido que, donde hay una tela de araña está su artífice). Alrededor podía ver las siluetas de Alvin y Marvin que trabajosamente se estaban, y para mi consternación, se estaban abriendo paso por la telaraña provocando violentas sacudidas que atraerían su atención. Con cuidado intenté dirigirme hacia Juanito pero era imposible mantenerse en la superficie. Me estaba hundiendo lenta pero inexorablemente mientras iba en dirección a los gritos de auxilio que mi pobre compañero lanzaba. En un momento dado mis manos dejaron de tocar telaraña para pasar a tocar la más absoluta de las nadas. Con cautela alargué la mano y toqué una cosa repleta de pelos. ¡Thor bendito, era la pata de la araña!. ¡Había llegado al centro donde ella moraba!. Recé todo lo que pude a Thor, dios de dioses, para no atraer la atención de la bestia. Decidí seguir bajando, rodeando el núcleo de la telaraña. En un momento dado mis manos tocaron algo húmedo. Era barro. Había llegado al fondo del agujero. Arrastrándome trabajosamente  conseguí salir del entramado de seda. Me sacudí las hebras y el barro y, al levantar la vista, contemplé dos altas siluetas, al menos más altas que yo que me preguntaron qué o quién era yo. Contesté que era Zebulón, seguidor de Thor y ellos contestaron que eran Iliana y Airin. Acto seguido llegaron Alvin y Marvin y procedí a trazar el plan de rescate del pobre Juanito que, desesperado, daba gritos de auxilio.

Solicité a Alvin y Marvin que se trasladaran al otro lado de la telaraña e intentaran atraer la atención del monstruo mientras yo intentaría escalar para llegar hata Juanito. Para mi desesperación los dos gnomos titanes se pusieron a discutir durante un largo rato sobre quién llegaría antes llegando a apostarse una moneda de oro para ver quién era el primero en llegar a Juanito. Desesperado del díscolo proceder de mis compañeros cogí la antorcha y prendí la telaraña buscando una solución rápida, rezando a Thor para que Juanito saliera con bien de esta. La deflagración consiguiente nos pilló por sorpresa chamuscándonos un poquito pero, para mi consternación, el cuerpo de Juanito se precipitó como un bulto inerte sobre el suelo. Rezando a Thor para que me concediera el don de poder curar cualquier herida de mi pobre compañero salí corriendo hacia su cuerpo inmóvil pero mi carrera se vio interrumpida cuando alguien me empujó hacia un lado. Cuando recuperé el equilibrio contemplé cómo Marvin daba un golpe en la frente de Juanito y soltó un: “¡te rescaté! ¡he ganado, me debes una moneda de oro!” se puso a dar saltos de alegría. Esto ya era el colmo. Mi ira se inflamó como la telaraña por el díscolo e irresponsable comportamiento del gnomo titán. Con una mirada asesina me dirigí al cuerpo de Juanito y le impuse las manos para curarle las posibles heridas. Miré en derredor y observé el cadáver reseco de la araña y a su lado a Alvin propinándole mandobles y gritando: “¡Muere, muere, muere!”. Era evidente que el monstruo había muerto tiempo ha. Mi mirada se posó sobre Marvin y le eché un rapapolvo recriminándole el irresponsable comportamiento exhibido momentos antes así como a Alvin por tomar la vida de un compañero como un juego de azar y hacer apuestas a su costa. Las caras de los gnomos titanes pasaban desde la consternación hasta el  asombro. Juanito se incorporó y con voz rasposa pidió agua.

Tras reunirnos con nuestros nuevos visitantes procedimos a las presentaciones:

         Iliana: guerrera elfa que está de muy buen ver. Aventurera en ciernes.

         Arin: Semielfo que, por las apariencias, parecía un druida.

Ambos eran bellas criaturas, como corresponde a estas razas. Tras esto les invitamos a seguir con nosotros en la exploración de esos túneles y, si querían, en un futuro pasar a forma parte de nuestra compañía e ir en busca de aventuras, fama, gloria y riquezas. Tras esto nos pusimos a explorar los túneles. Nuestros pasos nos encaminaron hasta un túnel, recubierto de babas, síntoma de que el propietario de dichas secreciones no era agradable de contemplar, que desembocaba tras sortear unos escombros, en una amplia sala construida con sólidos bloques de roca. En uno de los lados había una puerta y en un lateral unos despojos humanoides. Tras explorar la sala intentamos abrir la puerta que había sido golpeada y astillada por algo que no había conseguido abrir. Seguramente los autores de estos destrozos en la puerta habían sido esos pobres desgraciados. Nuestros intentos por abrir la puerta resultaron fallidos.

Iliana y Alvin, que estaban apostados en la entrada al túnel, dieron la voz de alarma de que algo se acercaba arrastrándose hacia nosotros. Rápidamente me acerqué para evaluar la situación. Efectivamente, algo se estaba acercando y los pelos de la nuca, que tenía erizados, me decían que no era agradable de contemplar. Con una orden nos pusimos en guardia para recibir a nuestro inesperado visitante.

He de dejar aquí mi relato, querido lector, puesto que otras ocupaciones reclaman mi atención.

Saludos,

Zebulón Stoneye, humilde servidor de Thor, grande entre los grandes.

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